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Entre los derechos y privilegios concedidos por la Sede Apostólica, desde hace tiempo y conservados en uso a nuestro Cabildo Vaticano, tiene el muy honroso de coronar las sagradas imágenes de la Beatísima Virgen María Madre de Dios, celebérrimas por la antigüedad del culto fervoroso de los fieles y fama de sus menores, y como ha poco el Arcipreste, Párrocos, Clero, Autoridades, Cofradías, Hermandades y todo el pueblo de Lucena, de tu amadísima diócesis, a Nosotros nos expusieron que en la nombrada ciudad hay expuesta una sagrada imagen, en su Santuario con el título y advocación de la Beatísima Virgen María de Araceli, que es piadosamente allí venerada desde hace cuatro siglos, no menos celebrada por la antigüedad del culto como por la constante y singular devoción quye le tuvo siempre el pueblo lucentino, devoción profunda a la Beatísima Virgen de Araceli de que se honra en gran manera por la particular protección de la Santísima Virgen de Araceli y que en unánime sentir y gratitud construyó en lo alto de la Sierra, magnífico templo en honor de ella.
Son también innumerables los favores celestiales que por intercesión de la Virgen María de Araceli han conseguido en abundancia cuantos confiadamente la han invocado como atestituan los muchísimos ex votos que decoran su altar.
Además, la Celestial Patrona, en el curso de los años y siglos, devolvió muchas veces la paz a sus habitantes, alcanzó para los campos en grandes sequías abundantes lluvias y en nuestros días alejó los daños funestísimos de la guerra civil.
Por tanto, para aumento del culto de la Madre de Dios y para que en adelante se acreciente más la devoción y obsequio de los lucentinos a su celestial Patrona y obtengan mayor provecho y bienes espirituales, acudieron a Nosotros los postuladores en fervorosas súplicas para que nos dignáramos conceder a esta Imagen Sacratísima el honor de ser coronada con diadema de oro.
Corroborando todo lo expuesto con Tus Letras Comendaticias del día seis de febrero de este año, Nosotros en treunión legítima ante el Señor, celebrada el día veinte y tres del mismo mes considerando que en esta sagrada Imagen concurre todo lo que se requiere para la solemne coronación, por acuerdo unánime decretamos que la venerada Imagen de la Beatísima Virgen María de Araceli, debe ser coronada en nombre Nuestro y con Nuestra Autoridad, con diadema de oro.
El cargo de efectuar la Coronación, lo confiamos a Ti, Ilustrísimo y Reverendísimo Señor en el día que quisieres y por las presentes te lo comisionamos con facultad para sub delegar en otro Obispo.
Dado en Roma, en la Ciudad del Vaticano, el día siete de marzo del año del Señor, de mil novecientos cuarenta y siete, del Pontificado de Nuestro Santísimo Padre Pío, Papa XII, Año IX. Juan Ferraroz, Canciller. Hugo Descubbi, Canónigo Secretario".
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