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La tarde del día grande por antonomasia de Lucena tiene como punto culminante la solemnísima procesión de María Santísima de Araceli: procesión extraordinaria este año de 1998 en que se cumplieron las Bodas de Oro de la Coronación Pontificia de la venerada imagen.

Procesión solemne en el Cincuentenario

Cuatro bandas de música se incluyeron en el brillante cortejo, que se inició discurriendo por el centro de la remozada Plaza Nueva: la banda de tambores y cornetas de la Escuela de Valdemoro, de Guardias Jóvenes de la Guardia Civil, que desfiló con llamativos uniformes de época; la de la Guardia Civil, de la misma institución, la banda «María Magdalena», de El Arahal, y la Banda de Música de Lucena, que cerraba la procesión.

Momento de la solemne procesión

Antes de que la imagen de la Patrona hiciera su aparición en el marco de la puerta principal de la Parroquia, comenzó el desfile oficial en el que se encontraban representaciones de las cofradías lucentinas, los pregoneros de las Fiestas patronales que habían intervenido en el pregón extraordinario, los hermanos mayores que lo habían sido de la Real Archicofradía, los manijeros del paso procesional de la Virgen en el día de su festividad, y las aracelitanas mayores con sus cortes de damas a partir de 1956, incluyendo la Reina de los Juegos Florales de la Coronación, con su corte de damas, luciendo todas la bella mantilla española

Por fin, con las campanas echadas al vuelo y la explosión de un sinfin de cohetes, la Santísima Virgen de Araceli, en su paso de palio barroco, hizo su aparición en la suave luz de la tarde del primer domingo de mayo, para iniciar el triunfal desfile por las calles de Lucena, en las que con los lucentinos se habían dado cita, miles de personas de otras poblaciones, atraídas por la devoción a la Virgen y la brillantez de las Fiestas Aracelitanas.

En las recién restauradas andas barrocas, estrenadas en 1974, con motivo de la celebración de las Bodas de Plata de la Coronación, María Santísima de Araceli lucía un terno de terciopelo, con techo de palio y bambalinas, de suavísimo color rosa, bordado para esta ocasión en los talleres cordobeses de Antonio Muñoz, combinando hilos de oro y de seda de colores.

Momento de la solemne procesión

La majestuosa procesión discurrió por el itinerario tradicional, a hombros de sus santeros que comandados por su manijero don Juan Cantero Arcos, con la grandeza y solemnidad que Lucena exige para su Patrona, portaban el paso, bellamente adornado para la Virgen con pequeñas rosas a tono con el atuendo de la Señora.

Momento de la solemne procesión

Con una impresionante concurrencia de devotos que participaban en la procesión con cirios encendidos, precedían inmediatamente al paso de María Santísima la Junta de Gobierno de la Archicofradía y más de trescientas cincuenta damas ataviadas con mantillas. Cerraban el cortejo las autoridades religiosas y civiles escoltadas estas por agentes de la policía local con uniformes de gran gala.

Una constante lluvia de pétalos descendía desde los balcones sobre las andas de la Señora, que avanzaba majestuosa en medio de la admiración y el fervor de los miles de personas que se apiñaban en las aceras del itinerario.

Momento de la solemne procesión

Disuelto el cortejo oficial, como es tradicional, en la calle del Agua, ante la ermita de Dios Padre, tras la despedida de las autoridades, con el pueblo aracelitano formando una piña de fervor ante el paso de la Señora, el ascua de luz y belleza que es el trono con la imagen de la Virgen de Araceli, avanzó lenta y solemnemente, en medio de los vítores, los piropos y los cantos, a la búsqueda de la ofrenda de fuego que anualmente hace Lucena, en su honor y homenaje.

La calle del Peso era una vena devota, un velón de diez mil corazones encendidos en honor de la Santísima Virgen de Araceli, un caudaloso río que desembocó en el rectángulo de la plaza Nueva para encender el cielo rio. en gloria de la Patrona, cuyo trono, como un navío glorioso, se colocó en el centro para arribar con su preciada carga al cobijo del templo de San Mateo.

Comenzaba, con los sones del himno en el aire tenso de la noche aracelitana, la función de los fuegos artificiales, que durante más de veinte minutos, compuso el poema de color y sonido que Lucena cada año compone para la Madre dulce y buena.

Momento de la solemne procesión

Y así, con el aire encendido después de tanto fuego, impregnado del olor de la pólvora, tembloroso todavía después de los golpes secos de la trepidante traca final, se cerró el día más grande de Lucena, la festividad de la dulcísima Patrona en el año del cincuentenario de la Coronación.