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El viernes uno de mayo, a las nueve y media de la noche, en el marco incomparable de la parroquia de San Mateo, tuvo lugar el Pregón Extraordinario de las Fiestas Aracelitanas del cincuentenario de la coronación canónica de la Virgen de Araceli. El acto no pudo revestirse de más solemnidad ni magnificencia, dado que todas las Aracelitanas mayores se dieron cita en el presbiterio de la parroquial. Allí, radiante de hermosura, vestida con manto y saya blancos, presidía sobre la multitud congregada la Virgen. |
La Plaza Nueva, ascua de luz y color, se vio sorprendida por una ligera lluvia cuando el cortejo, que partió del Ayuntamiento, avanzaba entre la multitud.
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Hasta el altar, las damas llegaron
acompañadas por pregoneros, miembros de la Real Archicofradía y de su
Obra Pía, concejales del Excmo. Ayuntamiento de Lucena, pregoneros de
la Virgen, autoridades civiles, miembros de las fuerzas de orden público
y el alcalde que acompañaba a doña Araceli de Mora Fuentes, reina de los
juegos florales de 1948. Las aracelitanas vestían traje de gala blanco, como corresponde al acto del pregón, y los caballeros acompañantes, igualmente de gala, chaqué. |
El jefe de protocolo del Excmo. Ayuntamiento tomó la palabra para dar lectura al acta del pleno donde se acordó el carácter extraordinario de la celebración, y la resolución de no elegir aracelitana mayor en el año en curso, procediendo en la forma que finalmente se efectuó. Así mismo, el secretario de la Real Archicofradía, trasladó a la audiencia, tanto la congregada in situ, como la que correspondía mediante la retransmisión de Videoluc o de Radio Lucena, a exponer también el carácter extraordinario del Cincuentenario, consistente en que todos los pregoneros lucentinos de la Virgen serían invitados a participar en el acto.
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Antes del comienzo del pregón, propiamente dicho, subió al atril don Antonio Ruiz-Canela Evangelista, alcalde de Lucena, para dar lectura al comunicado remitido por la Casa Real, donde S.M. la Reina doña Sofía, aceptaba el nombramiento como Aracelitana Mayor Honoraria en estas fiestas del cincuentenario. |
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Para cantar las glorias de María, en primer lugar, tomó la palabra la señora doña África Pedraza, siguiéndole a ésta, don Juan Parejo Pineda, don Pedro Marín Cuenca, don Luisfernando Palma Robles, don Manuel Gutiérrez Molero, don Joaquín González Pérez, don Joaquín Alfredo Abras Santiago, don Francisco López Salamanca, en cuya intervención un apagón general de suministro eléctrico en la ciudad, dejó prácticamente en tinieblas el ámbito de la parroquia. Con gran prontitud se fue restableciendo la iluminación, si bien las ánforas plateadas que adornan el dosel de Nuestra Madre no llegaron a apagarse totalmente. Aún así, el pregonero no dejó dormir sus versos en el regazo oscuro del papel. Le siguieron don Luis Beato García y don Francisco Sánchez González, decano de pregoneros lucentinos, quien dio paso a la originalidad de don Antonio Prieto, que hizo de su verso canto a la Virgen, acompañado de música aracelitana. Finalmente, pregoneros y asistentes, se fundieron en un emocionante himno a la Virgen. Y éstos, además, quisieron evocar en los cinco minutos de que dispusieron cada uno a insignes poetas o pregoneros aracelitanos ya fallecidos. Daba así comienzo una festividad solemne y distinta. |
Durante la mañana siguiente, el ajetreo desbordó límites. La preparación del trono que había de servir a la Virgen en su procesión de la mañana y el montaje del estrado que en la Plaza Nueva se estaba instalando ocuparon gran parte del tiempo a todo aquel que se acercaba al templo para visitar a la Virgen de Araceli en la víspera de su día grande. Los curiosos también tuvieron su piedra de toque en las instalaciones de la Biblioteca Municipal, donde fue inaugurada una exposición que recoge documentos antiguos sobre la Virgen, principalmente, y prensa de primeros de siglo, amenizada con fotos en soporte de papel o informático.
Pero si el viernes se había ofrendado a la Virgen lo mejor de la poesía lucentina; el sábado, la ofrenda de flores se realizó cambiando el verso por la flor. Como es ya tradicional, la tarde soleada acogió a miles de personas en el remozado Paseo de Rojas, donde organizada la comitiva, se encaminó por la calle del Peso hacia San Mateo. Difícil resultaría detallar a cuantas personas o instituciones llevaron flores a la Virgen, pero en un intento globalizador, podríamos comentar que fueron cinco las bandas de música, miles los niños y jóvenes ataviados con trajes regionales, incluso todas las Aracelitanas vistieron el traje típico lucentino; asistieron también la mayor parte de las cofradías de gloria y pasión; instituciones, peñas y empresas; representación de cofradías filiales, agrupación de cofradías y ex-hermanos mayores de la Virgen; manijeros desde hace cincuenta años; cuadrillas de los traslados, bajada, subida, procesión en su día y cuadrilla de honor; ex-alcaldes de Lucena durante cincuenta años, pregoneros y miembros de la corporación municipal. La afluencia fue tan masiva que se prolongó durante más de cuatro horas. Al final se cantó la salve y el himno.
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