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El 21 de febrero de 1962, monseñor Fernández-Conde, obispo de Córdoba visitó al Consistorio lucentino para concretar los actos a celebrar con motivo del Cuarto Centenario de la llegada de María. Stma. de Araceli a Lucena, y al mismo tiempo dar a conocer al pueblo la declaración de Año Jubilar desde el 25 de abril de aquel año hasta la misma fecha de 1963, privilegio concedido por la Sacra Congregatio Rituum del Vaticano a petición del Obispado cordobés.

Con el objeto de lograr la mejor coordinación posible en todos los actos y celebraciones se creó una comisión tripartita, que presidida por el prelado, tenía como vicepresidentes a don Arturo Puentes Peña en representación del clero secular, al alcalde de Lucena, don Miguel Álvarez de Sotomayor y Antrás, y al hermano mayor de la cofradía aracelitana, don Antonio García Molero.

Las Fiestas Aracelitanas del IV Centenario dieron comienzo el penúltimo domingo de abril, Pascua de Resurrección, día en que la imagen de la Virgen de Araceli fue trasladada desde su Santuario de la sierra de Aras a la ciudad de Lucena, recibiéndola en esta ocasión el pueblo con veintiuna salvas en su honor. En el sitio acostumbrado, la denominada Puerta de la Mina, aguardaban las autoridades civiles y eclesiásticas de la localidad, encabezas respectivamente por el alcalde de Lucena, don Miguel Álvarez de Sotomayor, presidiendo la corporación municipal, y por el vicario de la diócesis don Juan Jurado Ruiz, acompañado del chantre de la catedral de Córdoba don José Torres Molina, al frente del clero local.

Bajada de la Virgen

Entre vítores y aclamaciones del pueblo en masa pudo el cortejo abrirse paso hasta la parroquia de San Mateo, donde, desde el púlpito, el vicario dirigió a Nuestra Madre una florida salutación de bienvenida, a los cuatro siglos justamente de haber entrado en territorio lucentino.

Dos días después, el día 24 de abril, el señor obispo proclamó el Año Jubilar que Su Santidad Juan XXIII había concedido. El prelado subió al púlpito y con gran elocuencia cantó a la preciosa y bendita Madre bajo la celestial advocación de Araceli y explicó los beneficios espirituales y las indulgencias que como ofrenda a tan Divina Señora, pueden obtenerse durante el Año Jubilar Aracelitano que declaró oficialmente abierto. Terminada la ceremonia religiosa la comitiva oficial se trasladó a las casas consistoriales.

Traslados a las parroquias

Según los actos previstos por la cofradía aracelitana, en la tarde del miércoles 25 de abril, la imagen de la Virgen inició un recorrido por las parroquias lucentinas y los templos locales.


Primera y obligada fue la visita a la parroquia de Santiago, donde según la tradición, en 1562 fue depositada, apenas llegada a Lucena. Aunque una menuda lluvia cayó durante toda la tarde, media hora de respiro bastó para organizar la procesión de la sagrada imagen, si bien con un itinerario modificado sobre el previsto inicialmente: calle Jardín hasta el Coso, bordeándolo junto a la muralla del castillo. En la calle Ballesteros luces y colgaduras reciben a la patrona, y una estruendosa traca lucha en vano con el aire húmedo de la calle Ancha que intenta anunciar la llegada al barrio judío. De nuevo la lluvia, ahora con mayor insistencia, provoca un acelerado paso por la calle Santiago hasta el templo jacobeo donde quedó depositada la venerada imagen. Durante todo el día 26 y parte del 27 la Virgen recibió culto en aquella parroquia.

Traslado a la Parroquia de Santiago

La tarde del día 27, atmosféricamente más estable, es la escogida para que el pueblo acompañe a la Señora hasta la iglesia parroquial del Carmen, por las calles Correo, Ballesteros, Los Álamos, Santiago de nuevo, y la Ronda buscando el barrio alto. Pétalos de flores surcan con sus aromas la tarde, y surgen al paso de María colgaduras, iluminación y banderas ...

Traslado a la parroquia de Nª. Sra. del Carmen

La parroquia del Carmen esperaba a la Virgen en la esquina de la calle Romero Narváez y por ella discurre el cortejo hasta la popular calle Rute, vestida de gala, con bombillas, guirnaldas de papel y flores, desembocando en la plaza de la Barrera en medio del estruendo de las tracas y los cohetes. Tras subir la calzadilla que conduce al templo, el presbiterio carmelitano acoge a la Virgen Santísima durante dos días.


El domingo 28 de abril, por la tarde, la Virgen abandonó el Carmelo camino de la parroquia de Santo Domingo. La calle del Molino, era el punto de encuentro con la parroquia de Santo Domingo. Por ella bajó la venerada imagen siguiendo por las calles Alhama y Porcuna hasta la calle San Pedro. Todo el camino fue un crepitar constante de tracas y bengalas hasta el llanete de la Capilla de Jesús Nazareno.

Traslado a la Parroquia de Santo Domingo

Al entrar en él, la Virgen, se abrieron las puertas de la Capilla apareciendo bajo su dintel la imagen de Nuestro Padre Jesús. Con una muchedumbre ocupando el llanete y las calles inmediatas, ante las dos sagradas imágenes se colocó un altar donde se ofició una santa misa, predicando desde un balcón cercano el carmelita Jerónimo Blázquez. Se unían así las dos imágenes devocionales que más pasión suscitan entre los lucentinos. Al finalizar la misa, la imagen de Jesús impartió su bendición al pueblo mientras emprendían el vuelo cientos de palomas. Una de ellas se posó en la cruz nazarena y otra en la cruz de la cúpula del templete mariano.

Luego, la procesión con la Santísima Virgen sigue su recorrido, calles Curados, Juan López Baja y Catalina Marín. Hasta el día primero de mayo permaneció la Virgen en la parroquia de Santo Domingo. Allí, se organizaron turnos de vela por la madrugada, y cultos constantes durante el día.

De regreso a San Mateo

En la tarde del 1 de mayo, la Virgen regresó al templo de San Mateo, siguiendo en su itinerario la calle Cabrillana abajo hasta la Ronda. En la calle Mediabarba empieza la feligresía de San Mateo. La Virgen recorre el nuevo barrio que lleva su nombre, engalanado con macetas y bronces. A su llegada se entonó una Salve y un grupo de muchachas ataviadas con mantilla le ofrendó flores. Luego, la procesión continuó por las calles Arévalo y Mesón, pasando ante la calle Huertas, toda colgada de macetas. Tras la Plaza Alta y Baja, entrando por La Villa, la Señora concluyó su largo recorrido entrando por fin en la iglesia mayor.

En la mañana del sábado 5 de mayo, víspera del "día de la Virgen", en el escenario del "Palacio Erisana" se realizó la proclamación de la aracelitana mayor y su corte de damas. La distinción recayó en la señorita Conchi Barea Écija, a quien le fue impuesta la banda de honor por el gobernador civil de la provincia. La corte de honor estuvo formada por Carmen Pineda Cabello, Luisa Criado González, Paquita Rueda Morales, Conchi Pérez Delgado, Araceli Domínguez Ruiz de Castroviejo, María del Carmen Roldán del Valle, Chelo Hurtado Zurita y María Araceli López-Santaella. Acto seguido se declamó el pregón que corrió a cargo de don Sabino Alonso Fueyo, periodista, catedrático universitario de Filosofía y director del diario "Arriba", que fue presentado por don José Fernández Cáceres.

Como uno más de los actos programados para conmemorar el IV Centenario, el día 5 de mayo se inauguró una grandiosa exposición de arte sacro. La muestra se expuso en el incomparable marco del claustro del convento franciscano. Procedentes de oratorios particulares, las imágenes custodiadas en el interior de las sacristías, menos conocidas, las joyas, mantos y reliquias aracelitanas, óleos de Mohedano, de Leonardo Antonio de Castro, imaginería de Pedro de Mena y José de Mora tuvieron cabida en esta exposición. La muestra tuvo tal repercusión que fue motivo de un reportaje en el Noticiario Dominical Cinematográfico (Nodo). A la ceremonia de clausura, el día 15 del mismo mes, asistió el obispo auxiliar de Sevilla, monseñor Cirarda, que alabó la iniciativa y animó a los organizadores a trabajar en pro de la conservación del patrimonio religioso.

La tradicional novena en honor de María Santísima de Araceli se dividió en tres triduos, que fueron predicados por los prestigiosos oradores sagrados José A. Sobrino, S.J., provincial de la Compañía de Jesús en Andalucía; Juan Capó Bosch, canónigo de la S.I. catedral de Córdoba; y José María Cirarda Larchiondo, obispo auxiliar de Sevilla. La celebración religiosa dio comienzo a las once de la mañana con el oficio de una solemne eucaristía pontifical presidida por el Rvdmo. Sr. D. José María Bueno Monreal, cardenal arzobispo de Sevilla, estando la homilía a cargo del prelado cordobés Fernández-Conde, que dio lectura al mensaje remitido por el papa Juan XXIII.

A las ocho de la tarde, se inició la solemne procesión. Un cronista del momento la describió así: "En la salida, ante un gentío compacto en la Plaza Nueva surge Nuestra Madre como un ascua blanca. Claveles y gladiolos blancos adornan las andas. El paso majestuoso por las "Cuatro Esquinas" y la calle del Peso. La calle del Agua, con vientos de olivo en la cara. El enmarque señorial por la calle San Pedro. La calle Pedro Angulo y el llanete de la Purísima son rincones nostálgicos de la llegada desde el Santuario. Por la calle Antonio Eulate buscar la policromía de los jardines del Coso, camino de Santa Catalina. El paseo recreado, calle Las Torres abajo, de regreso a San Mateo, condensa todo el fervor popular en el canto del himno aracelitano."

En conmemoración de estas fiestas se celebraron una corrida de toros y una novillada. El día de la Virgen, seis de mayo, alternaron en la plaza de toros de Lucena, Manolo Vázquez, Jaime Ostos y Manuel Villalba con ganado de Navarro y Soto, corriendo parejo el éxito artístico y económico en los festejos taurinos organizados por la empresa de Canorea. Para el día siete, fiesta local, se programó una grandiosa novillada, presentando el cartel una terna de jóvenes promesas, encabezada por Manuel Benítez "El Cordobés" que puso el suspense en la grada, Juan Espejo y Oscar Cruz. También el deporte tuvo su sitio de privilegio en el Año Jubilar. En la tarde del día cinco de mayo, Lucena acogió el paso de la Vuelta Ciclista a España, prueba de carácter internacional que ya concitaba la expectación popular.

El domingo 27 de mayo, la Virgen completó su ciclo de visitas conmemorativas del Año Jubilar acercándose a los conventos de Lucena. En la mañana de este día, muy temprano, la imagen se trasladó al inmediato convento de monjas carmelitas descalzas. Tras brevísima estancia, por la calle de las Torres, la imagen de la Señora visitó el convento de Santa Clara, pasando de allí al templo conventual de San Martín, de agustinas recoletas, donde permaneció hasta las siete de la tarde.

Visita a la iglesia de San Martin

Visita a Nª. Sra. del Valle

A esta hora, emprendió camino por la calles Jaimes y del Peso hasta el Paseo de Rojas para acceder al templo de Nuestra Señora del Valle, anejo al asilo de Ancianos Desamparados. Para participar en este acto, se desplazaron a Lucena más de cuatrocientos ancianos de la provincia de Córdoba, junto con ochenta religiosas, para acompañar la gozosa visita de la Virgen de Araceli. En la tarde del lunes la Virgen fue trasladada al convento de frailes franciscanos y a su hermoso templo de la Madre de Dios, regresando el martes por la tarde, por la calle Juan Palma hasta la parroquia de San Mateo.

El domingo 17 de junio, y en conmemoración de la celebración del IV Centenario de la Venida de Nuestra Señora de Araceli desde Roma a Lucena, y del Año Jubilar, tuvo lugar una ceremonia extraordinaria de ordenación sacerdotal en la parroquia lucentina de San Mateo ante la imagen de María Santísima de Araceli. Un acto de este tipo no había tenido lugar en esta localidad desde el 17 de enero de 1913, en que lo ofició el cardenal Netto en la iglesia conventual franciscana de la Madre de Dios. En el presbiterio de la iglesia mayor, el obispo de la diócesis, monseñor Fernández-Conde administró el sacramento del orden sacerdotal a veintiséis seminaristas, diez de ellos, fueron ordenados como subdiáconos; quince tomaron las órdenes menores y veinte recibieron la tonsura. Entre todos ellos había varios lucentinos.

En la mañana del día veinticuatro de junio, festividad de San Juan Bautista, tuvo lugar el solemne traslado procesional de la Virgen de Araceli a su Santuario, después de una larga permanencia en la ciudad. Caballistas con muchachas a la grupa, ataviadas con el traje de andaluzas, carrozas adornadas, cantos y bailes. La gran animación y concurrencia de romeros y el calor sofocante fueron las notas más destacadas de esta popular romería de despedida a la Virgen.

 

En el barrio "Virgen de Araceli"
Traslado a la parroquia del Carmen
Salida de Santiago
Salida del Carmen
Visita a Nª. Sra. del Valle
Traslado
En la barriada "Virgen de Araceli"
Saliendo del Carmen
Clero acompañando a la Virgen