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¡Dios te salve, Araceli, por el puro sentimiento que inspira el pueblo!
Y por el más profundo contento, ¡Dios te salve!
¡Dios te salve, Araceli del amor. Jardín del alma perfumando el
corazón de Lucena.
De Lucena, Reina y Madre, misericordia y dulzura, a la que con ardor, amor y
sutileza Lucena reza.
¡Dios te salve! por tu pureza y belleza, por tu obediencia, ejemplo y
tu humildad solemne; por tu concepción purísima y corredención.
Porque Dios te elevó de una manera absoluta en el orden natural; orden
de la Naturaleza toda; en el sobrenatural orden de la gracia y de la gloria;
y de una manera relativa en el hipostático orden de la encarnación
del Verbo.
Araceli, Reina y Madre ¡Dios te salve!, por tu naturaleza humana y por
tu plenitud de gracia.
Por tu gracia inmaculada plena, tu corona y belleza en flor ¡Dios te salve!
¡Dios te salve!, Virgen de Araceli, porque eres cristal salvador de alada
transparencia y alegría de nosotros Iglesia; de la Iglesia que proclama
tu función de elegida entre todas las mujeres porque en ti se formó
el Dios hombre, el Redentor.
¡Dios te salve!, por el sencillo resplandor de estrellas, soles y lucero;
venero de plata también de la luna que brilla a tus pies y se te humilla.
¡Dios te salve!, por el cielo de tus ojos misericordiosos, y el altar
que fuiste para el fruto bendito de tu vientre. Sagrario de nuestra fe.
La fe es nuestro escudo amparador para la esperanza en Cristo resucitado. La
fe es nuestra alegría por ti, porque eres patrona de Lucena y amparadora,
y patrona del Campo Andaluz.
De Lucena y de los campos del alma, Madre divina y humana que simboliza nuestra
paz, confianza y esperanza.
La Virgen de Araceli es en Lucena el camino de gracia y misericordia de nuestra
propia resurrección.
La Virgen de Araceli, Cielo y Altar, tiene toda una significación bíblica,
uniendo la destrucción del hombre por el pecado a la savia esperanzadora
del nuevo hombre que nos hizo su Hijo, Jesucristo.
En el altar se ofrece a Dios para el sacrificio; y en el altar se renueva la
Redención. Altar de corredención es la Virgen de Araceli. Cielo
y altar. Altar y Cielo para la purificación. Como símbolo que
todo se purifica en el mundo por Dios, que vino a través de su Madre
purísima: Araceli concebida sin pecado.
¡Dios te salve, Virgen de Araceli!, porque eres sentimiento y altar en
la vida y en el corazón de Lucena.
¡Dios te salve, Virgen de Araceli!, porque eres el camino de nuestra alegría,
y el refugio confiado para alivio de nuestras penas, y eres ritmo y armonía
cuando vas en procesión.
Don Manuel Lozano Hernández. Del Pregón de las Fiestas Aracelitanas
del año 1995.
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