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Mujer Lucentina

...Frente a tantos feminismos indocumentados y tendenciosos, la Iglesia reivindica el alto puesto que a la mujer compete en el reino de Cristo. Como nos recuerda Juan Pablo II, la Iglesia trabajó desde un principio por elevar la consideración social de la mujer, dignificando su condición y sus límites de feminidad. El gran espejo de la feminidad cristiana fue siempre y lo sigue siendo la Virgen María. Cada siglo la ensalzó a mayor altura. En los XII y XIII casi que la entronca con el misterio trinitario. Un estudio psicoanalítico sobre los personajes que han popularizado la Inmaculada Concepción, como Alonso Cano, Murillo, Rivera, etc., sería comprobatorio en este sentido. Mas, no sólo los cuadros, los himnos, y leyendas en honor de la Purísima nos la presentan desde los siglos bajo medievales como un ideal sin mancha. Toda la belleza de la creación es la aureola de la Virgen de Araceli en su Inmaculada Concepción.

No nos extrañe pues, que los teólogos modernos especializados en la rama de la Psicología Profunda, hayan admitido como complementario del dogma inmaculista cuanto de dignificación se deriva para la mujer. Alguien podría pensar que no es precisamente un sacerdote, como es mi caso, el m s indicado para vertir elogios sobre la proverbial belleza física y moral de la mujer lucentina, pero no hay nada m s injustificable. Nuestro celibato sacerdotal, gozosamente aceptado, nos capacita por el especial interés que suscita todo lo prohibido, y está especialmente cualificado, para que yo pueda proclamar públicamente la belleza y la hermosura de las mujeres de esta tierra, ya conocida desde el tiempo de los romanos como atestigua el descubrimiento en la zona de varias estatuas de Venus. Y cuando ahora contemplo a vuestra Aracelitana Mayor, y a toda su corte que irradia belleza y estática, a este pregonero-como humano que es- no le queda más remedio que repetir el famoso romance paladino del Arcipreste de Hita:

E yo como soy home
como otro pecador,
Ove de las mujeres,
a veces gran amor.

A la luz de la modélica María Santísima de Araceli, que a todas las lucentinas os previene de feminismos trasnochados, y a todos los lucentinos os cura del secular machismo hispánico, debéis reflexionar sobre la peligrosidad a que os avoca la corriente contracultural que con el pretexto de un liberalismo desmedido avoca a la mujer y a la relación de la mujer con el hombre a un diletante irenismo, que si no estamos alertas a la voz y al rostro de la señora, a todos nos llevar a una común ruina. Porque la mujer no es un frío instrumento de placer para el hombre; la mujer, para la cual yo reivindico todos sus derechos y elevo mi m s enérgica protesta contra las frecuentes discriminaciones jurídicas o raciales que le afectan, no puede pretender encontrar ese punto de equilibrio de su igualdad sustancial con todo ser humano en un entreguismo fácil de su cuerpo y de sus encantos.

La mujer que quiere representar en plenitud cuanto integra su mundo de derechos y deberes, mírese en María, vea en ella su espejo. Dechado de dulzura. Esclava del Señor. Seguidora de Jesucristo y servidora del mismo en la casa o en la lejanía. Firme como una roca al pie de la cruz. Erguida como un cedro del Líbano, orante y atenta a la voz del señor en la Anunciación. Piedra fundamental en la fundación y propagación de la Iglesia. Esposa del Espíritu Santo, que adviene sobre ella el día de Pentecostés. Madre de los más débiles. Paciente con los que más sufren. De eterna predilección por los pobres. He ahí la mujer fuerte del libro de la Sabiduría, que desde el estado de vida por el que quiera optar, ser siempre modelo doméstico y fundamento social de la paz y del amor entre los humanos. Con razón, un poeta vuestro os cantó así:

Mujer lucentina:
Gentil Mariposa
de labios de grana,
de piel nacarina
con suave perfume
que envidia la rosa...

Pronunciado por Don Miguel Castillejo Gorraiz.