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Lucena: La Luz
Lucena y el velón, luz y aceite. Cuánta historia incontable, cuando fue el instrumento para que los ojos saliesen del oscuro. Velón del velar, llama que hizo posible la escritura y el diálogo. Tiembla la candelería, y el cobre del cuerpo es prodigio acompañante. Prodigio artesano de un arte que supo transmitir y armonizar, para los restos, la estética más refinada y lo útil; que dio y da al uso doméstico categoría de pieza museable con su elegancia recta y curva a la vez. Que no se pierda nunca la obra de esos trabajadores, anónimos o no anónimos, y sus diversos quehaceres de los que surge la belleza y el uso práctico. Velones de Lucena. Oigo pregones que los anuncian; me figuro madrugadas alumbrantes, trajín de mujeres a su cobijo, paliques con el vino sobre la mesa. Tuvo velón don Quijote para leer sus libros de caballerías; y los pícaros para sus conciliábulos, y los enfermos, y las gentes del boato y la sencillez. Velón, lazarillo, candelabro manual de España, orgullo industrioso de esta tierra. Permitidme que lo celebre con un fandango de los que los llevan la impronta creadora y lucentina:
| Cuando lo acerco a tus ojos |
| serrana no lo creía. |
| Cuando lo acerco a tus ojos |
| busco lo que no veía |
| y mirándolo me asombro |
| de que la noche sea día |
| y mi cariño tan jondo. |
Todo se halla preparado para la gran fiesta, en el domingo más domingo de todos los domingos. La fama lucentina también incluye su vocación para entregarse de lleno a ella. Hace sólo unos días que yo leí un excelente estudio de Matilde Galera sobre las expansiones religiosas y profanas que esta ciudad dedicó, en 1675, a San Juan de la Cruz, cuando fue beatificado. El impulso del alma barroca que desorbitadamente se revela, hasta el límite churrigueresco, en la capilla del Sagrario de esta iglesia de San Mateo, que tiene porte de catedral; ese impulso, como digo, estaba en la cima, y Lucena se identificó con él hasta el punto de que Francisco de Dueñas y Arjona escribe en el relato de estas celebraciones: "Esta nobilísima ciudad, preciosa perla engastada en el recuerdo de las edades, es sortija de filigrana, que sella en su centro tan ilustres héroes y tan nobles varones, que todos acreditan la majestad que representan".
La fiesta es como una resurrección, una luz; -la luz, siempre la luz- que nos reúne en la alegría y se encarga de reconciliarnos con el vivir. Todos somos lázaros en este trance vital. La fiesta es un paréntesis. No existe nada semejante a la fiesta popular para que las tradiciones sean el eje y la forma de que se borren las diferencias. Se comprueba así que existe un sustrato irreductible a los vaivenes lógicos de la historia, en el que permanece, generación tras generación, la intrahistoria viva. Porque estas tradiciones auténticas no son nunca incompatibles con el progreso auténtico.
Pronunciado por Don Luis Jiménez Martos.
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