La Virgen se pasea por Lucena
Virgen en la Plaza Nueva, donde los naranjos abren m s sus azahares como pupilas
desveladas para mecerla en la alta noche de Lucena.
Templa el paso, Manijero, de esa virgen tan hermosa, que no la roce ni el aire,
que se mece por las ramas, ni el suspiro de la flor, ni el azahar del naranjo,
ni el pétalo de la brisa, ni el compás de su tambor.
El Cielo descorre sus puertas cuando la Virgen de Araceli se pasea por Lucena.
Por el Coso, calle arriba, cada pecho es un clamor, cada grito un requiebro,
y todo el aire oración.
Sigue firme, Manijero, con tu cuadrilla de amor, que hay que seguir meciendo
a la Virgen más bonita, a la que llegó riendo desde su Sierra de Aras
para olvidar el dolor.
¡Cómo sonríe el Niño cuando ve la fe de un pueblo donde sólo hay devoción!
¡Cómo sonríe en Niño entre vivas de alegría, y lágrimas de emoción!
Que la Virgen va llegando donde tanto se le canta, donde tanto se la quiere,
donde el himno la acompaña y donde todo es oración.
Mécela, Manijero, m‚cela con tu cuadrilla de amor. Que Lucena te lo pide,
a ti y a tus santeros, pregoneros de su amor. Que quiere ver su sonrisa entre
varales de Gloria, bambalinas de cielo y redobles de ilusión.
Y el Pregonero le canta a su Virgen a modo de despedida, cuando la ve sonreír
entre un pueblo que la aclama.
| A compás las flores lloran |
| porque viene de regreso, |
| quedando en el aire preso |
| todo grito que le implora. |
| La luz el rostro le dora |
| dibujándolo en sonrisas. |
| Y al andar la Calle el Peso, |
| a las cuatro esquinas llegando |
| su pueblo le va cantando |
| al son de los guardabrisas. |
| Después la Virgen sigue caminando... |
| y al cruzar la Plaza Nueva, |
| bajo estrellas cristalinas, |
| a compás las bambalinas |
| sin querer van redoblando. |
| También la va acompañando |
| la luna clara y el lucero, |
| los cohetes, las bengalas y el mortero, |
| la Salve aracelitana |
| y un repique de campanas |
| sin que toque el campanero. |
Pronunciado por Don Manuel Gutiérrez Molero.
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