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Madre de los Emigrantes

María de Araceli, María Blanca de los verdes campos, María tierna y dulce, María del Amor Hermoso, se siente en estos días más madre que nunca, notando la presencia de sus hijos de Lucena y apreciando, las ausencias, dolorosas ausencias de aquellos que se fueron buscando el pan que aquí no hallaban. Las ausencias de muchos hombres y mujeres que sueñan todo el año con el nombre de Araceli, desde tierras lejanas. Hombres y mujeres que reproducen cada día en su mente, la imagen del Santuario, aquel Santuario pequeño y blanco, aquella casita alba, cercana al cielo, donde la Virgen Serrana llora triste los recuerdos de aquellos hijos que faltan. Es por eso que:

Dicen que algunas noches
se oye llorar en la Sierra.
Cuando los olivos duermen
y se marchan las estrellas.
Dicen que algunas noches
se oye llorar en la Sierra
y que la luna no está
porque se ha muerto de pena.
Dicen que llora la Virgen,
que en su carita morena
en gotitas como perlas
cuando recuerda a sus hijos
que se fueron de Lucena.
Un llanto amargo de Madre
y que nadie la consuela
tan sólo los angelitos
que están llorando con Ella
le van secando la cara
con pañuelitos de seda.
¡Qué pena tiene la Virgen
Araceli, de Lucena,
cuando solita en la noche
los emigrantes recuerda!
Soleá de lirios tristes
amapolas y violetas.
Negra noche sin luna
sin luceros, sin estrellas:
lágrimas de una Patrona
que llora sola en la Sierra.

Pronunciado por Don Joaquín Alfredo Abras Santiago.