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Araceli y Lucena

Pudiéramos decir que estaba escrito, que desde el comienzo del mundo, Lucena estaba preparándose para esta encendida devoción a la Virgen; pudiéramos decir antes que nada, que Lucena fue elegida por la Providencia, que hubo algo, y sigue habiendo de generoso, de firme pero al mismo tiempo de maternal entre los lucentinos, civilizadores, engendradores de cultura, de artes bellas, de fidelidades, de relaciones de amor, para que Dios trajera hasta Lucena ese trasplante sublime de fe que es Nuestra Virgen de Araceli.

Debemos aferrarnos a la idea de que no es casual la presencia de la Virgen de Araceli en Lucena; de que si Dios anda entre los pucheros, como decía la Santa de Ávila, llama mística por los caminos de España, mucho más debe de andar por entre los corazones, por entre los afectos y las devociones, por la dimensión espiritual de nuestras pobres vidas.

Lucena elegida, Lucena, Criatura de Dios -así como suena-, sin escándalo de nadie. Lucena, arcilla blanda y obediente para las manos del gran alfarero. Lucena de mármol, para la pureza, para la firmeza, para la constancia... Lucena como una cantera inconmovible en la fe de sus mayores. Lucena cálida, Reino de las formas, dejándose esculpir y modelar en el jaspe y en la arcilla, haciéndose propicia tanto al pulidor como al alfarero, en la dureza y en la blandura, para demostrar que se puede ser firme en la convicción y dócil en el amor, para demostrar que no hay trono mejor en el mundo para la Reina de los Amores, en una palabra: Lucena toda para María Santísima de Araceli.

...Yo me atrevo a decir que Lucena eligió a Ntra. Señora de Araceli por Patrona y Madre y que Nuestra Señora de Araceli eligió a Lucena para tener un altar de amor filial entre los hombres.

Como en un poema de amor humano que es lo que más gráficamente entendemos, que iría a ser preludio de nuestras súplicas humanas, de nuestro humanísimo deseo de ponerle un templo en la Sierra, de traerla en andas como en un paseo hasta el propio pueblo, de vestirla y adornarla como una Reina, de hacerla recorrer como un ascua blanca itinerarios de azahar por la Plaza Nueva, por el Coso, por la calle del Agua, a hombros de los santeros, igual que en una manifestación de triunfo humano, tocando su manto, exaltándose también para el rito humanísimo del Besamanos, para el júbilo final de la romería, dimensión de la alegría del hombre, con el Cielo tachonado de estrellas artificiales, de estrellas fabricadas por las manos fugaces de los artesanos, expandiéndose en luminarias de colores, en coheterías, en hachones de luz, abriendo surcos por un firmamento también humano, ficticio, artificial, pero profundamente sincero en su motivación de amor y de alegría.

...En prenda de amor, Señora, Lucena te espera siempre para entregarse a Ti como hacen los enamorados en la cita jubilosa de la Plaza Nueva, a las once, en la hora exacta de la celestial pureza, cuando el pueblo entero se empina para ascender en oración, los ojos tendidos por el espacio, en tu búsqueda afanosa. En prenda de amor, Señora, Lucena te festeja para llevarte en vilo, amando el contacto de tus andas, sintiendo la gravidez de tu Encarnación humana, queriendo ser en los brazos que se te tienden, en las miradas que te siguen, en los pasos que te abren camino, reguero para la esperanza.

Pronunciado por Don Matías Prats Cañete.