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Lucena, Ciudad Mariana

Y desearía ahora, de todo corazón, poseer la voz y el poder suficiente, para convocar en el reino de ese vuestro Santuario, y a los pies de ese Altar que Lucena ofrece a su bendita Madre con filial ternura emocionada, a todos los devotos marianos de España entera; a los aragoneses que adoran a su Virgen del Pilar, a los bilbaínos que cantan a la suya de Begoña, a los extremeños que se postran ante la de Guadalupe, a los levantinos que suplican a la de los Desamparados, a los catalanes que oran ante la de Montserrat, a los que la bendicen a través de dichas advocaciones, yo los traería hasta aquí, para que pudiesen contemplar la suya, en esta vuestra, hecha vida, hecha latido, hecha movimiento y hecha realidad esplendente de cielo descendido. A esa Virgen de Araceli, que sin duda es como una bendita y sublime Azucena desprendida a la tierra, desde los propios jardines celestiales.

A esa Madre del consuelo
llena de gracia y candor
y más bella que el fulgor
con tactos de terciopelo;
a ese Sol, que el mismo cielo
rinde a porfía sus honores;
a ese Primor de primores
sin igual en su ternura;
a esa Flor de la hermosura
Reina entre todas las flores.
Reina entre todas los flores,
y bendita Soberana,
que el mismo cielo engalana
con sus vivos resplandores;
Capitana de fervores
y celestial armonía;
a Esa sin par lozanía,
Luz de eterna primavera,
de Lucena Jardinera,
y de su campo ¡Alegría!

Por eso yo creo sinceramente, que esta tierra vuestra, debiera ser proclamada con toda justicia, tierra de la ternura metalúrgica por excelencia, ya que puede dar ciento y raya, a cuantas ciudades intenten alardear de marianismo en ese campo de la artesanía.

Pronunciado por Don José Rodríguez Buzón.