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¡Viva la Virgen
de Araceli! el embeleso
de Lucena, que tras sí
lleva tanto los afectos.
Viva el Ara más hermosa
de mayor valor y precio,
que conoce de las aras
Lucena en su campo ameno.
Viva el Aras, en cuyo Plano
Hermosísimo escribieron
para Lucena las dichas
Divinos y santos dados.
Viva el Ara del muy alto
Rey y Príncipe Supremo,
cuya sombra causa siempre
Horror y susto al infierno.
Viva el Ara cuya altura
se esconde al entendimiento,
y a quien los sublimes montes
de asiento le están sirviendo.
Viva el Ara, a quien respetan
todos los cuatro elementos.
Por todas partes resuene
de Araceli el epíteto:
En las casas, en las calles,
en las Plazas, en los Templos
de la voz dulce y suave
de Araceli suene el eco
sin distinción de personas,
sin diferencias de sexos,
hombres, niños y mujeres
eclesiásticos y legos
todos, todos a una voz
digamos, cual fieles siervos.
Viva, viva nuestra Reina,
mas que le pese al infierno.
Para que siéndole gratos
estos vivas, que ofrecemos,
se dignen recompensarlos
alcanzándonos en premio,
aquel reino donde vive
el Padre con su Unigénito,
y el Espíritu divino,
un Dios por siglos eternos.

De antiguo autor anónimo lucentino.

(Transcripción para Luceria de Eduardo de Aras).