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Rosa de Jericó, blanca azucena,
estrella matinal resplandeciente,
la gloria nace en tu bendita frente
¡Madre amorosa, de la gracia llena!
Tu diestra fuerte el huracán enfrena;
y de tu aliento el perfumado ambiente
galas al campo da; linfa á la fuente,
abundancia, salud, vida á Lucena.
Si á tu elevada sierra y bello nido,
Paloma divinal, alzaste el vuelo,
En nuestro pecho estás, aunque te has ido.
Tus fieles hijos con ferviente anhelo
la orla van á besar de tu vestido,
y á postrarse á tus pies Ara del Cielo.
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