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Hoy, gran Miguel, yo repaso
de tu poema la Historia
que eterniza en la Memoria
lo sublime del Parnaso.
Su vuelo dió el más ufano,
ningún verso veo en vano
hecho, y con maior fuego
pues contemplo desde luego
eres Aracelitano.
En honor de Nuestra Madre
como Única Patrona
tu bella lengua pregona
Himnos a su eterno Padre,
aunque el can Cerbero ladre
jamás tú cuelgues tu lira;
todo este Pueblo suspira
por tus versos y tu prosa
y por acción más gloriosa
hazlos aun hasta en la pira.
Tan dulcemente pusistes
la pluma en tal despedida
que a todo el Pueblo dió vida
la expresión que nos dijistes.
Con tu mano prevenistes
la dicción que más concedo;
sólo en esto decir puedo
felicitándome hoy:
"Aunque a la Sierra me voy
entre vosotros me quedo."
En día de tanta gloria
a este suelo Lucentino
de Araceli su camino
nos pusiste en la memoria;
publicastes la victoria
que por María nos vino.
No fue otro tu destino
que el remedio hacernos ver
pues lo llegó a conceder
ssu simulacro divino.
Quando entre horrores clamaba
Lucena como decías
la esperanza en estos días
era la que te imploraba.
Quando el Pueblo recordaba
el socorro en su ruina,
los gemidos encamina
al ave que nos defienda
y que del monte descienda
la Ymagen más Peregrina.
La Península inundada
con los endémicos males;
todo era estragos fatales
y Lucena amenazada.
Viéndose tan consternada
y cercana a no vivir
no fue omisa a recurrir
a tan alta protección
pues la funesta ocasión
ya era sólo de morir.
La muda voz sólo puede
ensalzar tu habilidad
y así, de aquesta verdad
la mía muda se quede.
Esta ocasión me concede
hacerte una petición
y yo por retribución
daré con codicia suma
por el ala de tu pluma
un ala del corazón.
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