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"Con motivo de la solemne función que a Nuestra Madre y Señora María Stma. de Araceli Patrona de esta Ciudad hace el Venerable Clero de la misma, en súplica de que nos repita su poderoso valimiento y protección para preservarnos del cólera morbo."
 

!Ay Madre de mi alma!,
consuelo de afligidos
escucha penetrantes
mis ecos doloridos,
del cólera sangriento
extiende sus dominios
y su segur terrible
aumenta los gemidos;
Estremece y contrista
a tu pueblo elegido,
la muerte y el espanto,
el horror y exterminio.
pasarán victoriosos
los funerales signos
y ya los cementerios
sepultando infinitos;
de penas y orfandades
ciudades han henchido
llenando de zozobras
a tu pueblo elegido.
Si acaso inexorable
encuentras a tu Hijo
en fuerza de las culpas,
pecados y delitos
con que hemos abusado
de su querer divino,
presentarle al instante
penitencias, cilicios
y aplacándole, salva
a tu pueblo elegido.
Y deja el trono excelso
que admira al cielo mismo
y llega al elevado
de tu Enmanuel querido.
Hijo de mis entrañas,
dulcísimo hijo mío
pues Madre me nombraste,
lo soy de arrepentidos,
a mi Ciudad liberta,
a tu pueblo elegido.
Repítele: En mi seno
tuviste dulce abrigo
y fuiste de mi pecho
regalado y nutrido,
cuidados maternales,
desvelos y cariños,
librándote de Herodes
huyendo por Egipto;
te acuerdo por que salves
a mi pueblo elegido.
Momentos angustiosos,
congojas y suspiros,
que afligieron mi alma
en el Gólgota mismo,
soledades, dolores,
cuando te vi perdido.
¡Ay!, todo te lo acuerdo,
mi amado, mi querido,
porque piadoso mires
a mi pueblo elegido.
Y las almas gloriosas
de tus hijos queridos
de Sebastián y Roque,
del mínimo Francisco,
de mi Esposo adorado,
tu padre, tu nutricio
elevan por mi ruego
su amor enardecido,
esperando libertes
a mi pueblo elegido.
Y si es Ara del Cielo
mi nombre genuino
y en título tan dulce
espera el pueblo mío,
si a más llora las culpas
que ingrato ha cometido
no en vano su Patrona,
seré en este conflicto;
y quiero en fin, perdones
a mi pueblo elegido.
Dejé a Sierra de Aras,
descendí del Empíreo
y en hombros paseada
de mis robustos hijos,
no a presenciar su muerte
quisiera haber venido.
Me aman y los amo,
por ellos te suplico,
libértalos pues forman
a mi pueblo elegido.
Arcángel, Medicina,
hermoso paraninfo,
acércate y escucha
a mi Hijo Divino.

Rafael, dice, vuela,
la vara de prodigios
que moviendo las aguas,
saludables las hizo.
Hunde el morbo que amaga
al pueblo arrepentido.
Mi Madre me lo ruega;
mis siervos escogidos
también los que quedaron,
mis hijos adoptivos;
y la nube inflamada
de muerte y exterminio
disípala tu soplo
y derrame benigno
la salud y la vida
al pueblo arrepentido.
Y ved aquí mi sueño,
amados compatricios
¡Ojalá en realidades
lo viera convertido
y los llorosos salmos
que entonan las Ministros
cambiarse de repente
por los alegres himnos!
Loor del que perdona
al pueblo arrepentido."

 
Francisco de Paula Ramírez, Pbro. del Orden Hospitalario.