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Décimas en honor de nuestra Señora.
 

Cuando a toda Andalucía
el francés amenazaba
esta Ciudad confiaba
en su Madre, y no temía
porque a su favor tenía
la ARA DE DIOS misteriosa,
aquella que portentosa
animaron las naciones
y del Corso las legiones
supo abatir poderosa.

De un dragón toda la ira,
todo el poder del Averno
y el dolo y engaño eterno
del padre de la mentira.
Contra el español conspira
pobre, triste y desarmado,
mas ARACELI invocado
por el andaluz brioso
se ve al punto victorioso
de quien se creyó humillado.

De epidemias, sequedades,
terremotos, hambre y pena,
siempre disfrutó Lucena
al amparo en sus piedades.
Verán futuras edades
tan demostrativos dones,
pues cercados de escuadrones
sin poder que los resista
destrozaste a nuestra vista
las sacrílegas legiones.

 
Anónimo, 1811