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Cuarteta
Qué podré deciros yo
que no sepáis, lucentinos?
Mis afectos siempre finos
la experiencia os confirmó.
Glosa
Justo es ya, pues que ha logrado
mi Proteccion Soberana
del hambre y Peste inhumana
libertar mi Pueblo amado.
Justo es ya que al solio dado,
suba la que descendió.
Mi poder os preservó
como Madre de clemencia
y en esta precisa ausencia
qué podré deciros yo?
Ya miráis que en quanto veo
el brazo del Cielo armado
y que a mi Hijo irritado
por vuestras culpas lo creo;
ya miráis que mi deseo
deshecho en afectos finos
contiene rayos divinos
y calma el humano horror.
Más qué decir de mi Amor
que no sepáis, Lucentinos?
Yo subo al Zerro Sagrado
donde el Eterno previene
que allí sus decretos llene
mi simulacro ensalzado.
Mi palabra ya os he dado
de ampararos, Lucentinos.
No temáis a los destinos
ni que me ausente temáis,
pues como vuestro miráis
mis afectos siempre finos.
Seguid la Virtud, prolijos,
y de tal modo os empeñe
que esta Madre no desdeñe
el miraros como Hijos.
En Dios vuestros ojos fixos
no temáis al Mundo, no.
A la cumbre subo yo
para que descienda el Cielo
pues que soy vuestro consuelo
la experiencia os confirmó.
Si me alejo, en apariencia,
en realidad no es así
que siempre me tiene a mí
quien teme la Omnipotencia.
Del Afecto, la Clemencia
que mi amor os dedicó,
qué podré deciros yo
que no sepáis, Lucentinos?
Mis afectos siempre finos
la experiencia os confirmó.
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