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Octava en honor de nuestra Señora
 

Que el contagio funesto no entraría,
vaticinio feliz, se oyó en Lucena.
La piedad confió que así sería
de júbilo y amor el alma llena,
A su Ara recurre, a su María,
hallando su consuelo en tanta pena.
Por eso el Cielo cánticos entona
a su dulce, amable y única Patrona.

 
Luis Repiso Hurtado. Año de 1802