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Octava
Que el contagio funesto no entraría
vaticinio feliz, se oyó en Lucena,
la piedad confió que así sería,
de júbilo y amor el alma llena,
a su Ara recurre, a su María,
hallando su consuelo en tanta pena:
Por esto el Clero cánticos entona
a su Dulce, Amable y Única Patrona.
Luis Repiso Hurtado, 1804.