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Dia de la Virgen
Primer domingo de mayo.
Mayo aquí.
Lo trajo la Vía Láctea
en un descuido de abril.

Azahar a pleno olor,
calor y color
de verano adelantado.
Amarillo jaramago
en el tejado.
Y luz, mucha luz,
azul y blanco,
Mayo.

Mañanera.
Armonía plateresca
de liturgia.
Olor a cera.
El dorado resplandor
de la solemne función.
Los latines. La campana.
La salmodia. El incienso.
Y la limpia transparencia
del cristal de la mañana
reflejada en la ventana
del convento.

Mediodía.
Murmullo de letanía.
Luz de oro en la cancela.
Marejada verbenera.
El bullicio. Desatino.
Corre el vino.

Caracoles.
Caracolas.
Y la bandera española
jugando a plantar las flores
con sol de la Plaza Nueva.

Revienta la Primavera.

Lento calor en la siesta.
A los toros.
Verde y oro.
Voz afónica.
Media ceñida verónica.
La revolera,
el adorno.
Y la niña de madroños
en barrera.

Vespertina.
Pleamar lucentina
de la procesión.
Albura de blanco son.
Cruz alzada. La mantilla.
El orden, la luz, la fila
doble de velas.
Estandartes, las banderas.
Fervorosos. Cofradías.
Clero, música, trompetas.
Entorchados. Jerarquías.
Y un duendecillo en el aire,
matando a voces la tarde.
Francisco Sánchez González.
Araceli, Marzo 1964.