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A la Virgen de Araceli
Madre mía: En cuántos mares
se hundió mi soberbia vela
y luchando con las olas
me encontré‚ salvo en la arena.
En cuántos vuelos, sin tino,
en las noches sin estrellas,
se me quemaron mis alas
en fuego del mundo, inquietas.
ˇCuántos caminos floridos
hacia el abismo me llevan
y voy salvando mi vida
aunque ande torcidas sendas!
Y cuántas veces mis manos
sangraron entre espinas, presas,
y sanaron mis heridas
por tantos males abiertas.
Tú, Virgen de Araceli,
has sido faro y estrella,
luz en mis noches oscuras,
esperanza siempre nueva,
aliento en las desventuras
de mis largas horas muertas.
ˇMadre del campo andaluz,
no me dejes de tu diestra!
Manuel Mendoza.
(Luceria).