Volver

 
Lucena, Reina y Señora te proclama
Hondo amor de tu pueblo estremecido
que con tu dulce y maternal desvelo,
ha visto de impiedad libre su suelo
y nunca el rumbo de tu fe ha perdido.

Profunda gratitud del afligido
¿Quién no ha buscado a su dolor consuelo
en horas de amargura? ¿Quién su duelo
por Ti no ha visto en bienestar fundido?

¡Oh, Virgen de Araceli! El corazón,
salta de gozo y con ardor se inflama
al ver cercana tu Coronación.

Que difundan los bronces de la fama
que Lucena, temblando de emoción,
por su Reina y Señora te proclama.
Enrique Sánchez Oliva.
Mensajero Aracelitano, Enero 1948.