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Romance
A la Virgen de Araceli,
Lucena va a coronar.
Sobre sus divinos hombros
echar un manto real.
Con la más rica diadema
su alba frente ceñir.
En la perla de su boca
un fino rubí pondrá.
De rosas cubrir el trono.
Sus manos enjoyar.
Con vítores y plegarias,
toda el alma popular
a la Virgen de Araceli
con su amor coronar.
Y el viajero, enamorado
del garbo de la ciudad,
de su porte y señorío,
con aire de solear
y el corazón en los labios,
de este modo cantar:
A la entrada de Lucena
el sombrero me quité‚
y a la Virgen de Araceli
una Salve le recé.

El año cuarenta y ocho,
para Lucena ser
el más glorioso y florido
el más pródigo y cabal.
El aire tendrá un aroma
de jazmín y de azahar.
Del corazón, las palabras
en rosas florecerán.
En San Mateo, San Francisco,
en Santiago, en San Juan,
con música de campana
a gloria repicarán.
Humilde, manso y risueño,
el río del Cascajar,
a la Virgen de Araceli
dulcemente cantar.
Y los parques y el Alcázar
y el Castillo del Moral
y los vetustos conventos,
de gala se vestirán,
que a la Virgen de Araceli
el pueblo va a coronar.
El viajero, enamorado
del garbo de la ciudad,
de su porte y señorío,
con aire de solear
y el corazón en los labios
de este modo cantar:
A la entrada de Lucena
el sombrero me quité‚
y a la Virgen de Araceli
una Salve le recé.
Juan Soca.
(Diario Provincial de l947).