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A
María Santísima de Araceli
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| Hoy que
el pueblo te dedica por completo sus amores |
| y se afanan
por cantarte los poetas que en las flores |
| tienen
siempre, por lo puras, su mejor inspiración, |
| yo quisiera,
Madre Amada, disponer en el momento |
| de un poder
que permitiera realizar aquel intento |
| de reunir
cuanto es preciso para tu coronación. |
| Y quisiera
una corona, como pide tu grandeza, |
| donde campen
los brillantes con su espléndida belleza |
| y sus luces
refulgentes nada tengan que envidiar |
| a los astros
que de noche nos ofrece el firmamento |
| destacándose
entre todos por su luz que es un portento |
| y su brillo
de pureza son tan dignos de admirar. |
| Yo quisiera
de este instante procurarme de las flores |
| la pureza
que ellas tienen en sus límpidos colores |
| para hacer
la alegoría de esa tu coronación |
| donde vérsete
pudiera rodeada de querubes |
| y los ángeles
más bellos asomados entre nubes |
| entonando
con sus arpas una célica canción, |
| Yo quisiera
que aquí todos sin distingos en grandeza |
| acudiesen
presurosos en honor de tu pureza |
| con el
óbolo que a cada fuese dable dedicar |
| para hacerte
la corona de oro fino y pedrería |
| y poder
decir a voces, por fin llega, Madre mía, |
| el
momento deseado de poderte coronar. |
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Mariano
León. Mayo, 1929.
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