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A la Virgen de Araceli
Entre escarpadas peñas y riscosos caminos.
Engarzada entre montes de pétreas entrañas.
Solitaria aparece, cual nade en reposo,
una casita blanca.

El lubricón la besa con su luz diamantina.
El vesper la acaricia con sus tintes granates.
Y las brisas y céfiros en su loor entonan,
célicos madrigales.

El gigante incensario de Natura,
el ambiente perfuma en su holocausto;
a la vez que los pájaros le ofrendan,
sus arpegios áureos.

Es esa casa, el santuario regio
de tu imagen divina, inmaculada,
es crisol celestial de do las penas,
salen purificadas.

Hoy las blancas palomas de mi ensueño
quieren llegar a ti en oración.
Acógela, y envía a este peregrino
tu santa bendición.
Fernando Félix.
Publicado en 12-4-1927.