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Mi alma es cautiva
Cuando mi ánima sedienta se remonte hasta la altura
y contemple de los cielos la belleza sin igual,
admirando de mi Virgen la arcangélica hermosura
tal vez diga: Allí en el mundo ¡Cuán pequeño es el mortal!
¡Oh, qué gloria sumergirse en un cielo azul cobalto...
con volar de mariposas remontarse hasta el no ser
y, escoltada de un cortejo de estrellitas, subir alto,
que en Ti, Virgen de Araceli, concluir mi padecer!
¡Qué placer en ese día, cuando el alma libre y pura
por los ámbitos del éter se remonte en libertad
y se acoja a tu presencia y se empape en tu ternura
y ante el trono se arrodille de tu augusta majestad!
... ¡Lleva, lleva entre tus alas, oh querubín, el alma mía
lejos, lejos de los hombres y del mundo engañador,
donde anuncien las trompetas de la Gloria, un nuevo día
con auroras matizadas por la mano del Señor!
Milagros Maján.
El Eco de Lucena. Mayo, 1913.