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A
la Excelsa Patrona de Lucena
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| ¡Rosa de
Jericó, blanca azucena |
| Estrella
matinal resplandeciente, |
| gloria
revela tu bendita frente, |
| Madre de
amor, poder y gracias llena! |
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| Tu diestra
fuerte el huracán enfrena; |
| y de tu
aliento el perfumado ambiente |
| galas al
campo da, verdor riente; |
| abundancia,
expansión, vida a Lucena. |
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| Si a tu
elevada Sierra y bello nido, |
| Paloma
divinal, alzaste el vuelo, |
| en nuestro
pecho estas, aunque te has ido. |
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| Tus fieles
hijos con ferviente anhelo, |
| la orla
van a besar de tu vestido |
| y a postrarse
a tus pies, Ara del Cielo. |
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Pablo
Carmona Ramos, 1867.
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(El
Mensajero, nº 84. Febrero, 1867.)
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