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Octavas
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| ¡Llega
el gran día ya! las torres gritan |
| con bocas
de metal y el viento en alas |
| lleva sus
voces, que entusiasmo excitan, |
| prepara
el pueblo sus mayores galas; |
| corren
los fieles; con placer se agitan. |
| ¡Tu música,
de júbilo te exhalas! |
| Ilumina
la atmósfera serena |
| cohete
volador que inflama y suena. |
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| Y no es
uno, son mil fuegos vistosos |
| de artificio
y bellísimos colores |
| con ingeniosos
juegos primorosos |
| encantan
multitud de espectadores; |
| llenan
la plaza grupos numerosos; |
| los balcones,
las damas y señores; |
| domina
todo un celestial contento, |
| y vítores
y vivas dan al viento. |
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| La noche
avanza. Lucen las estrellas |
| con rayos
tembladores y cambiantes; |
| las que
forman la Pléyade, más bellas, |
| paran su
curso rápidos instantes, |
| exhalaciones,
luminosas huellas |
| dejan al
éter, al cruzar errantes. |
| Detrás
del alfombrado firmamento |
| percibe
el alma armónico contento. |
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(Del
poema: " En la festividad de la Excelsa Patrona de Lucena
María Santísima de Araceli ").
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Pablo
Carmona Ramos, 1867.
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