Mª. Stma. de Araceli

Poseer una estampa, una imagen, de alguna realidad deseada ha sido siempre un modo de poseer en alguna medida la realidad que la imagen representa, representación que puede participar incluso de las virtudes sobrenaturales del objeto representado. Por ello, a lo largo de los tiempos, las imágenes veneradas han sido frecuentísimamente reproducidas para atender la demanda de sus devotos, que podían de esta manera trasladar y hacer doméstica y personal su relación espiritual con la misma.

Pasando por alto los métodos que se emplearon en la antigüedad para reproducir los objetos de especial y culto y veneración, desde incluso antes de la invención de la imprenta, la estampación sobre papel de las devociones, grabadas en materiales como la madera o el plomo, fue el medio más económico y por ello popular de poseer un trasunto de la imagen venerada.

Como poseedora de una tradición devocional profunda y amplia, María Santísima de Araceli cuenta con uno de los mas valiosos, por lo numeroso y por lo vario, conjunto iconográfico mariano, de entre los impresos en España. Grabados en madera o en plomo, aguafuertes -de los que en el Museo Casa de la Virgen se conservan diferentes planchas de cobre- o litografías, han sido los sistemas empleados para la elaboración de estas estampas.

Desde el primer grabado conocido de nuestra Patrona, del último cuarto del siglo XVII, hasta las litografías de finales del XIX, un amplio abanico de representaciones aracelitanas fue apareciendo sin pausa, marcando su cenit los años centrales del siglo XIX, para atender la demanda devocional no solo de los lucentinos y comarcanos sirio de todo el sur español.

La Virgen de Araceli es representada en su iconografía con el atuendo tradicional: manto, saya o falda y corpiño; guarda rostros, rostrillo y corona, que impuso la moda al uso entre las señoras nobles de comienzos del siglo XVII, momento en que toma cuerpo la costumbre de vestir a las imágenes; o con el de Divina Pastora, arraigado en Lucena a partir de las misiones populares de la Orden Capuchina en Andalucía en los años finales del siglo XVIII, y especialmente por las dirigidas por el beato fray Diego José de Cádiz, cuyos inflamados sermones en nuestra parroquia de San Mateo e incluso en la Plaza Nueva rebosaban devoción hacia la imagen de Nuestra Patrona.

Mª. Stma. de Araceli con el atuendo de Pastora

Así pues, la Virgen aparece en estas representaciones plena de atractiva ingenuidad, más imaginada que real, sometida no solo a la destreza del artista sino a su capacidad para ejercer cierta libertad de interpretación. Granada, Córdoba, Madrid e incluso París, pero sobre todo Málaga y por supuesto, Lucena, son los lugares donde se imprimieron la mayoría de estos grabados, bastantes de los cuales carecen de pie de imprenta y de otras referencias que nos iluminen sobre su origen.

El Niño Jesús de Mª. Stma. de Araceli

Con mucha frecuencia, estas estampas, que la devoción popular solicitaba continuamente - lo que obligaba a continuas ediciones-, eran adquiridas en el propio lugar de culto: Santuario; a los hermanos sirvientes que las llevaban en sus postulaciones; en tiendas, y en mercados por los que con frecuencia aparecía la figura del estampero, siendo coloreadas a veces por el mismo o por personas con cualidades para ello, generalmente con técnica de acuarela, añadiéndosele a veces purpurinas e incluso pan de oro.

Presentamos las más conocidas representaciones iconográficas de Mª. Stma. de Araceli