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La urna de la demanda rica
"Es tradición constante en la Casa de la Virgen que un hermano sirviente de los que salen a pedir limosna por los pueblos para el culto de la Sagrada Imagen de María Santísima de Araceli, el cual dicen que se llamaba el hermano Banderas, salió a pedir su limosna llevando como acostumbran una imagen pequeña de María Santísima de Araceli en su urna, y habiendo andado varios pueblos, llegó a Málaga donde le vino el pensamiento de embarcarse para América donde creía que reuniría una grande limosna. Efectivamente puso por obra su pensamiento vendiendo el mulo que llevaba para pagar el flete de su persona y de la pequeña urna y se hizo a la vela sin dar cuenta de nada a la Casa de la Virgen.
Pasaron meses y aún años y ninguna noticia pudo adquirirse en Lucena del hermano Banderas por cuya razón todos creyeron que se había muerto, y se nombró otro hermano en su lugar.
Empezó allí a pedir limosna con su pequeña urna que había llevado de Lucena y habiendo llegado un día con el mismo objeto a la casa de un señor marqués, éste quedó enamorado de la hermosísima Santa Imagen y quiso que el hermano le dijera de dónde era, dónde se veneraba la Imagen principal y cuanto de ella pudiera manifestarle. Hízolo así el hermano contándole su origen, venida y numerosísimos milagros que Dios hacía por su mediación.
No se sabe si sólo por esta relación o porque aquel señor recibiera también de María Santísima algún señalado favor, ello es que le dijo al hermano que le mandaría hacer a la pequeña Imagen una urna como no la hubiera en España y le añadió que siguiera pidiendo sus limosnas y que las fuera depositando en su palacio.
Así lo hizo el hermano, reuniendo allí
todo el dinero y alhajas que hemos dicho que trajo.
Así que estuvo hecha la urna se colocó en ella la pequeña Imagen y deseando
volver a España con tan rica limosna lo consultó con el señor marqués y con
su parecer y licencia se despidió y se embarcó haciendo su viaje con felicidad
hasta desembarcar en Málaga y venir a Lucena.
Vista tanta riqueza en la Casa de la Virgen, se le dijo que en agradecimiento de tan buen servicio, que quedaba jubilado y sin cargo de ningún género de trabajo ni obligación, comiendo y vistiendo de la Casa hasta su muerte.
Pero el hermano Banderas, agradeciendo la oferta de la Santa Casa, no la aceptó, antes bien, despidiéndose de sus compañeros los hermanos que entonces había y tomando el consejo y la bendición del Padre Capellán se marchó a las ermitas de Córdoba donde murió a los dos años en muy buena opinión."
(De Anales Aracelitanos de Francisco Antonio Tenllado Mangas.)
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