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Una polémica religiosa con importantes frutos historiográficos entre los siglos XVIII y XIX.
El proceso de ratificación del patronato de María Santísima de Araceli sobre Lucena despertó grandes recelos en algunos círculos locales, sobre todo cuando, en 1795, Fernando Ramírez de Luque publicó un cuaderno titulado "Del Patronato Único de Nuestra Señora de Araceli en Lucena", en cuyo prólogo, fechado el 5 de septiembre del año anterior, escribió: "...que en pocos días ha tomado en Lucena la fábula que es su Patrono San Jorge desde el tiempo de la conquista según unos y, en sentir de otros, desde la prisión del Rey Chico. He practicado vivas diligencias para averiguar el origen de este tan decantado Patronato. He registrado los principales archivos, y más antiguos papeles de este pueblo, y consultado a Méndez de Silva y a sus copiantes, la Geografía Blaviana, el diccionario Moreriano, Estrada, Moya, Ximénez del Pino, Espinalt, y los manuscritos de Don Jerónimo Roldán y sin embargo de las portentosas patrañas que estos autores escriben de Lucena, de su fundación, glorias, hijos ilustres, divisa o escudo de armas, a ninguno se le previno de tal Patronato, ni de él hablan una sola palabra. De manera es que ni en documentos, ni en libros, aun de los más atestados de ficciones, se encuentra vestigio de semejante cosa, reduciéndose todo a una voz vaga y popular que no se le encuentra principio, fundamento ni motivo."
"Pero a pesar de todo esto, de pocos años acá, no solamente se asegura como la cosa más cierta e inconcusa el ser San Jorge nuestro patrono; pero se defiende con empeño y tesón, aun se reputa por reo de lesa patria, el que se atreva aun ni a dudarlo. Ha llegado en efecto a envalentonarse tanto esta especie, valida de la ignorancia y de una piedad imprudente, que aspira a alucinar a todos mis paisanos y a lograr un crédito universal. Si esto se verificara sin duda que el legítimo, antiguo, único y verdadero Patronato de María Santísima con el título de Araceli padecería menoscabo, y las ciertas y genuinas memorias de Lucena serían embrolladas y confundidas."
"Se hace, pues, forzoso ocurrir a estos daños y convencer a los alucinados de que su bondad, buena intención y falta de instrucción y crítica ha dado fomento a la novedad de dicho Patronato, porque si se deja correr esta gangrena, se hará por un fatal descuido, incurable la enfermedad. Para proceder con método, hablaré en la primera parte del origen de la Sagrada Imagen de nuestra Señora de Araceli, fundación de su Santuario y su Patronato y culto en esta Ciudad. Y luego trataré en otra parte del imaginario Patronato de San Jorge, sus falsos motivos y aparentes apoyos..."
La respuesta no se hizo esperar, y el mismo año, en la imprenta cordobesa de don Juan Rodríguez de la Torre, se dio a la luz pública un opúsculo titulado: "Argumentos que demuestran no ser el único el patronato de Ntra. Sra. de Araceli en Lucena (...) puestos para evidenciar que San Jorge es también patrono de ella, formados en el teatro de la crítica por el bachiller don Rafael de Giles y Leiva, profesor de Sagrada Teología y Derecho Civil...."
El autor defendía un patronato compartido entre el santo mártir y la Virgen de Araceli. En unas de sus páginas se lee: "No es mi ánimo negar el que María Santísima con el título de Araceli sea Patrona de Lucena, pues la confieso por tal, no tan solamente en esta Ciudad, sino es generalmente en todo el linaje humano..." Y añade después: "...todos los Santos pueden ponerse por medianeros con la Santísima Virgen; luego si no perjudica la mediación de los Santos a la de Jesu-Christo, ni a la de la Virgen Santísima en sentido católico, ¿cómo perjudicará la de San Jorge a la de la Virgen Santísima?"
Trataba Giles en los sucesivos capítulos de refutar las afirmaciones de Ramírez, especialmente en los que pretenden hacer excluyente el Patronato aracelitano. Así escribía "... Ramírez pone por epígrafe el Único Patronato de Ntras. Sra. de Araceli en Lucena, y para que este sea admisible debe borrársele la dicción Único, en cuyo caso no hay reparo en conceder cuanto dice el Sr. Cura..."
Dedica por fin los últimos capítulos a tratar de demostrar que San Jorge es también patrono de Lucena, incluso por encima de argumentos históricos como la fecha de la conquista de Lucena y la de la batalla del Martín González.
Hay que aclarar que los sanjorgistas apoyaban la tradición de su patronato en que la supuesta fecha de la conquista de Lucena por las tropas de Fernando III, en 1241, y la de la batalla del arroyo de Martín González y prisión del rey de Granada, habían coincidido en el día 23 de abril, festividad de san Jorge; circunstancias que había demostrado erróneas Ramírez de Luque, el cual, en 1796, imprimió en Málaga la obra "Justa defensa de los escritos de don Fernando Ramírez de Luque, Cura Beneficiado de Lucena contra la injusta censura del Compendio Analítico del Cura de Montoro, don Fernando López de Cárdenas y de los malos argumentos del folleto que acaba de publicar don Rafael de Giles y Leiva."
A la ya enconada intelectual controversia se sumó en 1797 el vicario de San Mateo, don José Feliciano Téllez, con un impreso, salido de las prensas sevillanas de don Manuel Nicolás Vázquez y Compañía, dedicado al Ayuntamiento de Lucena, y titulado "San Jorge desagraviado. Razones por las que debe ser mantenido en la posesión inmemorial, que goza de ser Patrono Unico, y Principal de la Ciudad de Lucena; con un compendio de su admirable vida, y glorioso martirio..."
Argumentaba en su obra el vicario que San Jorge debía ser considerado como patrono de Lucena porque "sólo a San Jorge se le reza de primera clase con octava, y se le da Credo en su Misa..."
Asimismo, traía entre los motivos a favor de su tesis el hecho de que tanto la conquista de Lucena como la derrota de las tropas granadinas, en 1483, en las márgenes del arroyo de Martín González, se había producido el 23 de abril, festividad de San Jorge. Así escribe: "...y así no es extraño (que los lucentinos) no hayan recurrido públicamente a su protección mayormente a vista de la grande devoción que tienen y de los continuados beneficios que se han recibido de María Santísima con el glorioso título de Ara-Coeli. Esta Señora en tan Peregrina Imagen arrebata los corazones de todos, de modo que no nos dexa libertad para inclinar nuestra devoción y afecto a otro Santo; y así, el no recurrir a San Jorge en los conflictos no prueba contra su Patronato."
"No es todo uno ser una Imagen de Particular devoción en un pueblo, o ser Patrono. Puede muy bien ser uno sin perjuicio de otro. Y así, ni María Santísima perjudica a San Jorge en su Patronato ni San Jorge a María Santísima en su particular devoción..."
Entre la corporación municipal, abiertamente volcada a favor del patronato único sobre Lucena de la Virgen de Araceli no cayó nada bien la dedicatoria de don José Feliciano Téllez, acordando en cabildo seguir "proclamando por Patrona a María Santísima de Araceli según y también lo ejecutan los vecinos pues a su instancia, la del clero y de este Cabildo se ejecutó la solicitud que pende en la Corte Romana, sobre que el Día de la Virgen sea su rito doble y de primera clase y por los mismos se formó proceso ante el Sr. Diocesano para la Declaratoria de dicho Patronato que obra en poder de Don Ricardo Perales, Capellán del Santuario de dicha Soberana Imagen el cual se archive y se le dé copia para su Iglesia con cuya consideración para que lo sucesivo no pueda perjudicarle al Patronato la prenotada obra se solicite un ejemplar y se archive con nota de este Cabildo y le pase oficio a Don Josef Feliciano Téllez que ha sido muy del desagrado de la Ciudad su obra y dedicatoria y que lejos de protegerla defenderá en todo tiempo el Patronato de María Santísima de Araceli, pues de lo contrario no sólo sería contravenir a los citados Cavildos sino se causaría un despojo a la posesión inmemorial en que se halla."
También como respuesta a la obra de don José Feliciano Téllez, publicó Ramírez de Luque en Málaga, en la imprenta de Iglesias y Martínez hermanos, su "Lucena desengañada de los asertos, yerros y equivocaciones, extravíos y contrariedades del Papel que dio al público Don Joseph Feliciano Téllez, Vicario, Rector y Cura de estas Iglesias..."
En la dedicatoria que hizo al Ayuntamiento, aludía Ramírez al rechazo del Concejo a la obra de Téllez, así como a la pretensión del vicario de que fuese considerado único el Patronato de San Jorge. Escribe Ramírez: "No se atrevieron ellos (los sanjorgistas) al principio a más, que a dividir el Patronato dándole compañero a la Santísima Virgen. Pero pronto no se contentaron con esto, arrojándose el exceso de privar totalmente a Nuestra Señora de Araceli de una prerrogativa, en que tiene su Majestad tanta complacencia, y nosotros tanto interés, y toda nuestra dicha. Gracias a la generosa animosidad de V. S.S. que como otro Alejandro, cortó de un golpe, (pero golpe decisivo), el nudo que había atado el temerario entusiasta, que aspiraba a triunfar de V. S.S. con su propia mano le ganasen el triunfo."
Ramírez de Luque refutó capítulo a capítulo las pruebas aportadas por Téllez para hacer valer el patronato de San Jorge, idénticas a las que aportó el bachiller Rafael Giles.
En relación con el argumento del vicario de que los lucentinos no recurrieran públicamente a la protección del santo mártir, escribía Ramírez: "...que está sin uso (el patronato de San Jorge), cuanto menos trescientos años ha. Luego San Jorge es tan Patrono de Lucena como San Sebastián, San Roque, San Francisco de Paula, a quienes por ser abogados contra la peste, sólo se acudió a su valimiento en los dos grandes contagios de fines del siglo XVI y XVII"; y después "no habiéndonos visto (por la infinita misericordia de Dios) en semejante necesidad, no hemos necesitado más de su protección aunque se siguen cumpliendo los votos que se les hicieron entonces. Luego la Santísima Virgen de Araceli está en posesión desde que vino de Roma de ser nuestra absoluta y universal Patrona, habiendo acudido a ella desde aquel feliz día, en todos y cada uno de los conflictos públicos, y particulares de toda especie, y por toda clase de personas. Luego si el patrocinio de ciertos Santos aunque implorado algunas veces juntamente con el de Nuestra Señora de Araceli, no ha derogado, ni derogará jamás el único, general y plenísimo Patronato de esta Madre amabilísima, de esta clementísima abogada, gloria, honor, consuelo, vida, esperanza, refugio y amparo poderosísimo de esta Ciudad, bajo el grande, hermoso, dulce y misterioso título de Araceli; mucho menos puede prevalecer contra este mismo incontestable, públicamente reconocido y auténticamente confirmado Patronato, el imaginario, el desconocido, el hasta ahora ignorado, el no ejercido patronato de un Santo que ni solo ni acompañado, ni en lo antiguo ni en lo moderno, ni en la guerra ni en la paz, ni en la enfermedad ni en la salud, ni en común ni en particular hay el menor vestigio en la memoria de las gentes, en los archivos, ni en archivo alguno de mérito..."
El 3 de agosto, inmediato el Concejo acordó agradecer a Ramírez de Luque la edición y dedicatoria de su última obra, lo que constituía un fuerte segundo revés al vicario y a la causa de San Jorge. En el acuerdo se calificaba la obra como "de servicio público y de su Patria", determinando "se le den las debidas gracias al citado Don Fernando por la Memoria que ha hecho de la Ciudad en obsequio de la Virgen Santísima de Araceli, nuestra Patrona."
En los momentos finales del año y de aquel siglo, el 2 de diciembre de 1800, nuevamente se trató de agilizar los trámites para alcanzar de la Santa Sede la ratificación del Patronato de Nuestra Señora sobre Lucena. Así lo solicitaron los párrocos y el clero lucentino con cuarenta y cinco firmas. Dos días más tarde lo hizo, en representación del vecindario el marqués de Campo de Aras, como Síndico Personero del Común. El día 6 se adhirió a la petición una representación vecinal con ciento una firmas. Y al día siguiente se sumó a la referida pretensión la nobleza lucentina y algunos particulares más con treinta y una firmas. Todos los cuales dirigieron su solicitud al Excmo. Ayuntamiento en demanda de su tramitación hasta la Santa Sede a través del Obispo de Córdoba.
En cabildo municipal de 29 de diciembre del citado año de 1800 se dio lectura a un memorial presentando por don Juan Ortiz Borja, brigadier de los Reales Ejércitos, "comandante en Jefe de las tropas destinadas a la persecución de contrabandistas, ladrones, vagos, desertores y toda clase de malhechores en los cuatro Reinos de Andalucía", exponiendo "que inflamado su corazón de un tierno amor y de una devoción ardiente a María Santísima de Araceli, Patrona de esta Ciudad, habiendo experimentado continuos y patentes beneficios que dispensa a cuantos están bajo de su protección, tanto los naturales de este pueblo, como los avecindados en él, (...) y que deseando con vivas ansias que nuestro Santísimo Padre apruebe y confirme este antiquísimo Patronato, cuyos costos tiene ofrecidos hacer a sus expensas, siendo forzoso para su logro el que este Ayuntamiento lo pida al Ilmo. Sr. Obispo de esta Diócesis por cuya mano debe impetrarse esta gracia de la Silla Apostólica, suplicaba que a la posible brevedad se entablase este Recurso, mediante el cual tendría este Pueblo mucha Gloria y consuelo y su Patrona este aumento de reverencia y cultos (...) Se presentaron y leyeron otros cuatro memoriales con el primero del Caballero Síndico Personero de este Común, el segundo de los Párrocos y Venerable Clero, el tercero de la Nobleza y el cuarto de multitud de vecinos con nombre del Común del Pueblo, siguiéndose a estos clamores y una representación en forma de instrucción de los dos Diputados Eclesiásticos del Santuario de dicha Soberana Imagen, manifestando los motivos, fundamentos y causas para asentir este Cuerpo a citado recurso; de que enterados los señores concurrentes de cuanto en referidos memoriales se expresa, noticiosos a mayor abundamiento de los anhelos del vecindario porque se verifique dicha aprobación mediante los notorios desvelos con que les constan han concurrido a instar al Caballero Síndico Personero, nacido todo de la particular devoción que les alienta como que han sido socorridos en todas sus aflicciones por la mano poderosa y protección de tan Dulce Madre, no naciendo estos afectos de los actuales habitantes sino es por haberse verificado estos auxilios en sus causantes mayores y más ancianos, en más tiempo de dos siglos, de que todo este Ayuntamiento ha sido partícipe, uniformemente acordaron el que incontinenti se entable dicho recurso por medio de reverente representación al Ilmo. Sr. Obispo diocesano, suplicándole encarecidamente interponga su poderoso valimiento, autoridad e influjo con nuestro Santísimo Padre Pío VII a fin de que en vista de tan sólidos fundamentos universales y fervorosos deseos de este vecindario, conceda sus Letras Apostólicas aprobando y confirmando en todas sus partes dicho Patronato..."
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