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La figura de Fernando Ramírez de Luque (1744-1823)
Decidido a seguir la carrera sacerdotal, recibió órdenes en Córdoba y cantó su primera misa en Lucena en 1769, ocupando el cargo de cura beneficiado de la parroquia de Nuestra Señora de la Expectación de la aldea de Encinas Reales, en el término de Lucena. Este mismo año, el clero lucentino publicó el sermón que el joven Ramírez, siendo todavía diácono, había pronunciado en la festividad y en honor de San Pedro, titular de la cofradía clerical. Dos años mas tarde editaba en Madrid, en la imprenta de don Manuel Martín la "Historia de los hechos y escritos del clero secular en defensa y honor de la Concepción Inmaculada de María Santísima".
Fue socio fundador y numerario de la Real Sociedad Laboriosa de Amigos del País de Lucena, llegando a ocupar el cargo de director de la misma. Entre otras, como aportación a la labor filantrópica de la misma leyó en la sesión de 10 de febrero de 1783 un "Discurso sobre la utilidad de mejorar el Baño de Horcajo".
En 1774 a instancias del regidor don Andrés de Valdecañas y Piédrola el Ayuntamiento de Lucena comisionó a don Fernando López de Cárdenas, cura de Montoro, pensionado de su majestad en las Real Academia de la Historia de Madrid, y en la de Buenas Letras de Sevilla e investigador de prestigio, para que redactase una Historia de Lucena. Para ilustración del autor, Valdecañas le remitió alguna información y una copia de una de las historias de Lucena, redactada en 1749 por don el también regidor lucentino, Jerónimo Antonio Roldán, titulada "Antigüedad de Lucena contra la opinión que la hace modernamente edificada" elaborada en 1751 y demasiado repleta de mitos y suposiciones, que el cura de Montoro incluyó sin reparos en su obra.
Téllez había publicado una obra, impresa en Sevilla, que dedicó a la Ciudad de Lucena aunque el Ayuntamiento, claramente de parte de Ramírez, la repudió por repleta de inexactitudes; el título era: "San Jorge Desagraviado. Razones por las que debe ser mantenido en la posesión inmemorial que goza de ser Patrono Único, y Principal de la Ciudad de Lucena; con un Compendio de su admirable vida y glorioso martirio". El rechazo municipal a las tesis del Vicario fueron especialmente fuertes, como se deduce del calificativo de "furioso enjambre de noveleros, que han aparecido, e infestado a Lucena en nuestros días. No se atrevieron ellos al principio a más que a dividir el Patronato, dándole compañero a la Santísima Virgen. Pero pronto no se contentaron con esto, arrojándose al exceso de privar totalmente a Nuestra Señora de Araceli de una prerrogativa en que tiene Su Majestad tanta complacencia..."
Abundando en la defensa de sus argumentos en relación con la historia de Lucena y de la devoción y el patronato aracelitanos, ahora con un objetivo más claramente didáctico, Ramírez inició en 1794 la redacción de su obra más conocida, una historia de Lucena que tituló "Tardes divertidas y bien empleadas por dos amigos en tratar de la verdadera Historia de su Patria: Lucena", cuya línea argumental es el diálogo entre un clérigo ilustrado y un seglar ansioso de conocer el pasado de Lucena.
En relación con la controversia sobre el patronato, ya prácticamente ganada tanto en el ámbito popular, como municipal y eclesiástico, el obispo de Córdoba ya había ratificado oficialmente a María Santísima de Araceli en su carácter secular de Patrona Única de Lucena y el expediente se había elevado, con todos los informes favorables, al Real y Supremo Consejo de Castilla. Ramírez de Luque aportó un trabajo de recopilación de noticias históricas aracelitanas en las que se afirmaba el carácter de patrona de la Virgen de Araceli. Eran los "Anales Aracelitanos", publicados en 1802 que, en cierto modo, señalaba con ello el triunfo de sus tesis sobre la de los sanjorgistas, si bien todavía sus enemigos le replicaron con un opúsculo con el curioso título "Adiciones a los Anales Aracelitanos de D. Fernando Ramírez de Luque, Cura natural de Lucena. Escrito y adicionado por Fernando Ratón, acólito de la Iglesia Mayor de dicha Ciudad". Su autor, que derrocha ironía en las páginas, tildaba a Ramírez de simple acólito, y dedicaba la obra al enterrador y caniculario (encargado de expulsar y alejar los perros de la iglesia) de la parroquia.
Ramírez contestó en el mismo tono con una obrita titulada "Carta de Rafael G-ato, Ex-Acólito de la Iglesia de Lucena, teniente de Sacristán de ella y profesor del utilísimo arte de hacer ratoneras. A su Co-acólito Fernando R-atón". Es evidente que el apellidado Gato, era el bachiller Gilles y el Ratón, Ramírez.
Como continuación a su infatigable tarea literaria y a continuación de los referidos anales aracelitanos Ramírez dio al público en 1803 una pequeña obra "Flores Aracelitanas, o manojo de papeles curiosos, críticos y apologéticos", junto a la que consideraba su obra más ambiciosa: "Colección de santos y venerables del clero secular", impresa en Madrid.
El 31 de marzo de 1808 concluyó don Fernando Ramírez una de las obras más profundas e interesantes sobre el nombre de nuestra Patrona la Virgen de Araceli, obra que, lamentablemente, todavía no ha sido publicada: "Tratado de las excelencias del título y de las prerrogativas de la Imagen de María Santísima de Araceli, Patrona Única de la Ciudad de Lucena".
Durante la Guerra de la Independencia formó parte de una Junta clandestina de Defensa, arengando a los lucentinos a la lucha en los momentos críticos posteriores al 10 de abril de 1810, lo que le valió su detención junto a otros patriotas, y, tras un sumario consejo de guerra, una condena a muerte de la que le libró la intercesión del obispo Pedro Antonio de Trevilla, regresando a Lucena con la prohibición de predicar y confesar. En esta época inicia una intensa labor publicitaria contra la invasión francesa y contra Napoleón.
Al final de la contienda fue condecorado por Fernando VII junto a otros tres lucentinos con la medalla del Cerro del Hacho, en reconocimiento a su heroico comportamiento durante la guerra.
Su entusiasmo patriótico y su honda devoción aracelitana le llevaron a regalar a la Santísima Virgen de Araceli un carro triunfal de madera tallada y dorada, repleto de alegorías, alusiones a la derrota de Bonaparte, al triunfo de María Santísima y con él el de sus fieles hijos lucentinos. Este carro, destinado a pasear la imagen de Nuestra Señora por las calles lucentinas jamás fue utilizado para el fin ideado por Ramírez, lo que causó a este una profunda contrariedad. Abandonado, sus piezas se desarticularon y rompieron en las atarazanas de la parroquia de San Mateo. No obstante, don Fernando legó a la posteridad una descripción impresa en 1816 del referido carro triunfal.
En unión con la benefactora local doña Pelagia Josefa de Castro Hurtado y del conde de las Navas, fundó en la calle de las Mesas, el colegio del Santo Cristo de la Caridad, para la atención y educación de las jóvenes lucentinas.
Tras la abolición de la Constitución de 1812, la anterior devoción de Ramírez por el rey Fernando VII se esfumó, convirtiéndose en un sincero liberal frente a la opresión absolutista. Esta actitud política le marginó durante años en la sociedad lucentina salvo en el período conocido como Trienio Liberal.
En relación con el tema aracelitano publicó en Málaga en 1809 la "Noticia del estado actual que tiene el Único Patronato de María Santísima de Araceli", una vez que el Real y Supremo Consejo de Castilla y S.M. el Rey Carlos IV, la hubieron ratificado como Patrona de la ciudad.
Años más tarde, en 1820, Ramírez volvería sobre el tema editando "para solos sus patricios" un "Comentario del Real y Supremo Consejo de Castilla sobre el Patronato de María Santísima de Araceli en Lucena, añadidos varios documentos originales para mayor ilustración".
El 4 de junio de 1823, cinco días antes de la caída del régimen liberal, en su casa de la calle Santa Marta la Baja, falleció Ramírez de Luque. Su muerte impidió que, restaurado el absolutismo, se viera maltratado por aquellos con los que no compartía ideas políticas.
Las "Tardes divertidas..." aun a pesar del tono dogmático que Ramírez emplea y de los corrosivos ataques que a la menor ocasión dirige contra el autor de las "Memorias..." don Fernando López, y de su informador y patrocinador don Andrés de Valdecañas, es una obra fundamental para el conocimiento de la historia de Lucena.
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