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Recibimiento de la bula de ratificación del patronato de Nuestra Señora de Araceli sobre Lucena, según el cronista Francisco Antonio Tenllado Mangas.
"Nadie quedó en su casa en esta tarde, la Plaza, la calle del Peso, el arrecife, todo estaba lleno de gente, y el gozo les animaba a todos que prorrumpieron en un fervoroso ¡Viva! a María Santísima de Araceli al punto de divisar los coches que al llegar al puente de Córdoba no podían andar por impedirlo la multitud."
"Todo el gentío delante, los cohetes, la música, y toda la Nobleza y el Clero de esta Ciudad marchaban lentamente hacia el pueblo y así llegaron hasta las Casas Consistoriales entrando en el salón del Ayuntamiento el Convite, la Comisión y el señor don Antonio Domínguez Valdecañas con todo el pueblo que pudo, apiñado, y en la galería alta y baja los que no pudieron penetrar, estando además la plaza completamente llena de gente (...)
Reunido el Excmo. Ayuntamiento, con el Venerable Clero, Autoridades, Corporaciones y personas distinguidas de la Ciudad para esperar la llegada de la Bula de Nro. Ssmo. Padre Pío IX (que Dios conserve muchos años), declaratoria y confirmatoria del Patronato de Nra. Sra. la Virgen de Araceli, con efecto, como a la hora de las seis, se anunció la aproximación al pueblo de la Comisión compuesta de los Sres. D. Cristóbal del Corral, Síndico; D. Antonio Cayetano Valdecañas y Tafur, Conde de Valdecañas; D. Martín Chacón Fernández de Córdova, Marqués de Campo de Aras y de Alhendín; y D. José Muñoz y Jiménez, Capellán del Santuario de dicha Soberana Imagen, que se había adelantado a la villa de Aguilar para recibir la deseada Bula, de la cual era portador el Sr. D. Antonio Rafael Domínguez Valdecañas, presbítero canónigo de la Real e insigne Colegiata de San Hipólito de Córdoba, y predicador de Su Majestad, quien por encargo especial del Excmo. e Ilmo. Sr. D. Manuel Joaquín de Tarancón, dignísimo Obispo de esta Diócesis, se había entregado en ella en Madrid, donde había ido a ejercer su ministerio en la Real Capilla, y tenía el alto honor de conducirla. Esta Comisión pues, conductora del precioso documento, entró en la Ciudad en medio del repique general de las campanas, músicas, colgaduras y salvas, y sobre todo de los vivas y aclamaciones de este piadoso vecindario, ansioso de ver el apostólico diploma que aseguraba y consagraba para siempre los fueros y derechos de su Amantísima Patrona y comprometía más y más su amparo y patrocinio.
En esta forma llegó la Comisión a las Casas Consistoriales a cuyas puertas fue recibida de una Diputación del Excmo. Ayuntamiento, con clarines y timbales, como se acostumbra en casos semejantes, acompañándole hasta la Sala Capitular, donde la Corporación Municipal y demás corporaciones ya expresadas, estaban reunidas bajo la presidencia del Sr. D. Pascual Aznar Gómez, dignísimo Alcalde de esta Ciudad. Allí, ocupando cada cual su respectivo puesto, el Sr. D. Antonio Rafael Domínguez Valdecañas dirigió al Excmo. Ayuntamiento y Venerable Clero una expresiva alocución alusiva a su cometido, poniendo enseguida en manos del Sr. Alcalde la Bula del Patronato, colocada en una preciosa caja que había mandado hacer al intento, y también una comunicación sumamente satisfactoria y honorífica para ambas Corporaciones y para todo el pueblo del Excmo. e Ilmo. Sr. Obispo de la Diócesis felicitándoles por tan fausto y glorioso acontecimiento.
A continuación devolvió el Sr. Alcalde ambos documentos al Sr. Domínguez para que los leyese y publicase como en efecto lo hizo con extraordinario gozo y alegría de los circunstantes, que derramaban lágrimas de ternura y devoción por las glorias de la amantísima Patrona.
Hecha, pues, la solemne entrega, apertura y publicación en la forma expresada, se dirigieron las Corporaciones, comisión y convite, precedidos de la música, clarines y timbales, en medio de los vivas y aclamaciones de la multitud, a la Iglesia Mayor Parroquial de Sr. San Mateo de esta Ciudad, donde ocuparon sus correspondientes lugares; subió a púlpito el Sr. Domínguez y después de una breve, pero elocuente y tierna exhortación al pueblo, fundada en las palabras del ángel a los pastores de Belén: "He aquí que os traigo una gran nueva que llenará de gozo a todo el pueblo", descubrió y manifestó el Breve original de Su Santidad, y lo leyó en idioma castellano para inteligencia de todos, y la excitación del Excmo. e Ilmo. Diocesano; concluyendo con la invitación de que se diesen las debidas gracias al Todopoderoso por este incomparable beneficio, y pedir por la salud y prosperidad del inmortal Pío IX que lo había concedido, y del sabio obispo de la Diócesis que con tanto interés lo había procurado.
Acto seguido, expuesto el adorable sacramento del Altar de los Altares, y manifiesta la sagrada Imagen de Nuestra Amantísima Patrona, con gran copia de luces, ricos ornamentos y demás circunstancias y requisitos para el mayor esplendor del acto religioso, se cantó un solemne Te Deum con las preces y oraciones de Nuestra Señora, concluyendo con la reserva.
Así se terminó este acto tan glorioso para Lucena y que formará época en los anales de nuestra amada Patria, cuyo mayor timbre es su Virgen de Araceli, y la confirmación Apostólica del antiguo Patronato de esta Señora, el colmo de todos sus deseos."
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