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1869: Descripción de una procesión de rogativas por la lluvia
"... El día de Nuestra Señora no cupo más solemnidad y el sermón fue una cosa muy sobresaliente. Por la tarde hubo procesión con vivas y salvas, llevándose también María Santísima al campo. Era cosa conmovedora ver volver a Nuestra Patrona a mirar al campo a cada 4 o 6 pasos. Se presentaron algunas nubecitas en el poniente. Llegó maría Santísima a la Plaza Nueva; dieron dos o tres vueltas y volvieron a llevársela al campo por la calle del Peso, diciendo que no la quitarían de sus hombros hasta que lloviera; deshicieron el camino que habían andado antes alrededor del pueblo y volvieron a la Plaza Nueva, sin haber ocurrido la más mínima desgracia a pesar de haberse reventado varias armas de fuego. Al llevarse a María Santísima esta segunda vez al campo, cuando ya no estaba Su majestad en la Plaza pero sí esta llena de gente toda la que cabía, apareció el coche correo entrando en Plaza por la embocada de la calle del Peso a todo escape, las mulas espantadas con las descargas de infinidad de tiros como siempre sucede, atravesaron desbocadas la plaza y salieron con el coche por la calle de la Villa. La calle y la plaza estaban macizas de gente, el humo de la pólvora y la oscuridad de la noche no permitían ver lo que pasaba, y cuando el humo se desvaneció se vio que el coche había escapado sin haber ocurrido ni un rasguño en persona alguna donde debieron morir 200 o 300 personas. Este fue el milagro del domingo.
Todos se retiraron a sus casas dejando ya a María Santísima en la parroquia, tristes y desconsolados porque no había señales de llover. A las 12 de la madrugada había algunas nubes, pocas y sin movimiento y pequeñas. Cuatro horas después estaban todos los lucentinos levantados rezando el Rosario y alabando y bendiciendo a María Santísima en todas las casas, dándole las gracias porque ya estaba lloviendo. Todas abrían a aquellas horas las ventanas y se asomaban para presenciar el milagro, llenos de júbilo y asombro de ver que cuando todos dormían, María Santísima vigilaba sobre sus hijos. Era el agua más temporal del mundo, sin viento, sin tormenta y con la mayor serenidad. Daba gusto a aquellas horas oír a todos asomarse a las ventanas y bendecir a María Santísima.
A los tres días de agua seguida, esto es el martes, los campos estaban desconocidos. Se veía y parecía un sueño todo lo que había pasado. Siguió el agua y el tiempo nublado cuando no llovía de modo que no hacía ya aquel calor que todo lo abrasaba.
La novena del día después de la Virgen fue tan sumamente concurrida que no se cabía en la Iglesia, no se podía guardar orden ni silencio, de modo que fue necesario ocultar el Santísimo Sacramento. Los demás días, el concurso el mismo, pero ya no aquella agitación del lunes. En el último sermón de la novena hubo una conmoción y llanto general de agradecimiento a María Santísima por todos sus beneficios".
(De una crónica de Francisco Antonio Tenllado Mangas.)
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