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1834: Crónica de una celebración del Día de la Virgen en el Santuario y de una acción de gracias.

Las crónicas de don Francisco Antonio Tenllado y Mangas, médico y fervoroso aracelitano, son imprescindibles para el conocimiento de la devoción a María Santísima de Araceli durante el siglo XIX. Sus relatos, son frescos e inmediatos como el que sigue de la fiesta del primer domingo de mayo:

"El día en que se acostumbra a celebrar todos los años a Santa María de Araceli, Nuestra Patrona, salí de Lucena a las cinco de la mañana por una senda que principia en la ermita de Santa Marta, que está arruinándose en lo alto de la calle Santa Marta la Alta, y llegué al Santuario de Nuestra Patrona a las seis. (...) La ocurrencia del día 2 (un accidente) tenía al pueblo tan acobardado que fue un asombro cuán poca gente concurrió temiendo como todos decían no ocurriese alguna desgracia con las salvas que en semejantes días y funciones de Nuestra Patrona hacen sus hijos los lucentinos. Sin embargo, hubo unas cuatrocientas personas de Lucena, Rute y Campo de Aras. Cantó la misa el cura de esta Iglesias D. Martiniano Juan de la Torre; la ofició toda la Capilla de Música de la parroquia de San Mateo, asistiendo todo el concurso y el Excmo. Ayuntamiento, de toda ceremonia, con mazas y clarines, presidido por el corregidor D. Vicente Girón Villamandos. Hizo el panegírico don Antonio Domínguez Valdecañas, diciendo de la Señora cosas tan sublimes y grandes que a todos llenó de placer y gozo, asombrando a cuantos le conocían, pues parece imposible que un hombre que todo lo ha estudiado en su gabinete y nada en los colegios y universidades, hubiese desempeñado tan bien su papel. El auditorio estaba embelesado y no dejaba de verter de cuando en cuando lágrimas de gozo y alegría de ver y oír las virtudes y favores que siempre ha dispensado a Lucena Ntra. Patrona Amada María Santísima de Araceli. Concluida la función, se ordenó la procesión en rededor del Santuario, por la vereda donde acostumbra hacerse. Es indecible, no se puede pintar, es necesario haberlo visto porque no se puede escribir ni pintar el exceso de placer rebosando por los ojos de todos los concurrentes en torrentes de lágrimas y sin poderse contener ninguno en los límites de su representación. Lloraban y daban vivas a Ntra. Patrona los niños que habían ido en brazos de sus madre; los daban los hombres de corazón duro; gritaban las mujeres y lloraban de placer, todos saltando delante de la Señora como David delante del Arca. El Clero que había concurrido estaba fuera de sí, sin orden en la procesión y sólo vitoreando con el resto del concurso a Ntra. Patrona Amada. El preste, el Ayuntamiento y aun el corregidor (que es forastero), todos, todos, yo los vi con las lágrimas corridas sin poder decir ya viva de tanto placer y gozo, y sin haber podido contener las lágrimas principalmente cada vez que hacían los que conducían a Nuestra Señora que mirase a su pueblo, a Rute, a Benamejí, y a todos los pueblos de la comarca, puesto que de todos ellos había concurrido gente. Todos querían, y lo lograban, que la Señora mirase los pueblos. El gentío inmenso que llevaba sobre sus hombros a la Soberana Imagen eran como siempre los que caben en los varales y fuera de ellos (...)

Concluida la procesión se puso a la Señora en su camarín y delante, el Santísimo Sacramento. La gente se esparció por Sierra en ranchos a comer (...) A la tarde hubo Rosario cantado por la Capilla de Música, letanía, Sermón precioso predicado por don Antonio Domínguez que, luego, predicó toda la Novena. Se ocultó y cada uno se volvió a su casa con el mayor orden y pena de no quedarse allí siempre con su Patrona."

Función de acción de gracias:

Pocos días más tarde, el 12 de mayo se celebró una función de acción de gracias por el Ayuntamiento de la ciudad. Tenllado Mangas la describe del modo siguiente: "Cumplió su promesa el Ayuntamiento que estuvo preso en el convento de la Victoria en tiempo de la Constitución, por afectos a su Dios y a su Rey. Esta promesa consistió en una misa cantada con ministros y un sermón de acción de gracias por la libertad que la Santísima Patrona María Santísima de Araceli les concedió escapando de la prisión por una ventana que cae al callejón (que va de la escalera a la sacristía del expresado convento), al patio, y de éste por la puerta del patio o falsa. El sermón lo dio el padre Estepona, capuchino de Cabra. A la tarde fui yo, y viendo que era imposible entrar en la Iglesia, lo logré entrando con el padre capellán de la casa y otros sacerdotes que entraron a sacar la cátedra de Filosofía de San Francisco (que servía para predicar allí), a la puerta de la iglesia para que oyeran todos pues el patio estaba lleno de gente, y con este pretexto logré sentarme en la escalerilla de la cátedra de donde no me pude mover en toda la tarde. Allí oí el sermón y allí oí llorar todos los más valientes contrabandistas, los niños, las mujeres y los hombres, los ancianos y todos. Lloré yo y lloró el predicador con los clérigos que le oían y los religiosos de todas religiones que le escuchaban. El sermón se concluyó diciendo: "Desde la Sierra de Aras y mientras tengamos vida, demos un grito que se oiga en Lucena y en todo el mundo, y digamos que viva la Virgen de Araceli, para que en la Patria celestial digamos eternamente que viva la Virgen de Araceli." Estas expresiones, dichas con cortísima diferencia, fueron las que al término del sermón hicieron al pueblo de Lucena gritar con la mayor vehemencia y soltar la rienda del corazón y a los sentimientos de las almas de sus habitantes, anegándose todos en lágrimas del gozo que se asomaba a los ojos de toda clase de personas.

El inmenso gentío ocupaba la sacristía y antesacristía, el presbiterio desde el mismo frontal del altar mayor, las claraboyas de la media naranja, la capilla mayor, las tres naves de la iglesia hasta los poyos de las ventanas, que estaban abiertas para que vieran los que estaban y ocupaban todo el pórtico y todo el patio, el coro y parte de la Sala del Ayuntamiento, y muchos que estaban teniendo cuenta de las bestias de sus amos, que andaban por la Sierra comiendo. En este día, hubo todo él, dos hermanos del Santuario, que creo eran seis, acarreando sin cesar agua desde la Fuente de la Plata, pero esto, que había bastado todos los días para dar de beber al concurso, no bastó ni en este día ni en el anterior, pues fue preciso poner a otro hermano a traer agua llovediza de la bodega de la casa del Santuario a la tinaja donde bebía la gente.

Concluido el sermón, se hizo la novena y después, la procesión del Santísimo Sacramento, con palio, velas y cuatro faroles, por alrededor de la plazuela que hay fuera del patio, con sus altares, y cantando la Capilla de Música arias hermosas. Aunque todos los días había estado encendida toda la cera del retablo hasta el techo, y dentro y fuera del camarín y los altares, en esta tarde estuvieron también las dos arañas de cristal y madera de dentro y fuera de la reja de bronce."