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1815: El carro triunfal

El sacerdote don Fernando Ramírez de Luque, ya en el declive de su edad -había cumplido los 65 años- decidió regalar -por voto- a la Virgen de Araceli un carro triunfal para que paseara, gloriosa como siempre, entre los lucentinos, por "habernos libertado a nuestro amado Soberano de las garras del tigre de Córcega, el alevoso Bonaparte".

El tallista Juan de Burgos siguió fielmente sus directrices, pues el carro estaba cargado de mensajes y símbolos patrióticos, políticos y religiosos inspirados por Ramírez. Quería que "a imitación de lo que practicaron tres Emperadores griegos en Constantinopla, y nuestro Gran Rey San Fernando en Sevilla, sea llevada en procesión nuestra Madre y Patrona María Sma. de Araceli..."

Gracias a un impreso costeado por él mismo es posible hacerse una idea del aspecto del carro, confeccionado en madera tallada y dorada. Era básicamente una plataforma sobre cuatro ruedas, de poco menos de dos metros de largo y algo más de un metro de ancho, decorada con tallas que enmarcaban unos óvalos en los que se leían textos, entresacados de los salmos y los profetas bíblicos, alusivos al poder de María a favor de su pueblo: "El carro de tu gloria"; "Su carro como una tempestad"; "Tus saetas en el corazón de los enemigos del rey"; "Eres terrible, ¿quién te resistirá?"... o hacia la aborrecida figura de Napoleón: "La bestia que era y ya no es"; "Pereció el miserable; faltó el que hollaba la tierra"...

Sobre la plataforma aparecían diversos elementos militares y símbolos políticos: clarín, morrión, coraza, banderas, sable, cañones y bombas; también el aguilucho imperial, el árbol con el gorro de la libertad y un libro representando la constitución de Bayona, todo ello desordenado y roto. En el centro se alzaban unas nubes de talla (sobre ellas debía situarse la imagen de Nuestra Señora de Araceli) de las que salían rayos contra dichas insignias y trofeos. Entre las nubes, dos angelotes que representaban a Inglaterra y Rusia, naciones aliadas de España contra Napoleón, lanzaban dardos contra los símbolos.

En el pescante del carro iba una estatua de casi un metro de altura, alegoría de la ciudad de Lucena, cubierta con un casco, que empuñaba con la mano derecha una lanza con un banderín en el que se leía "Única Patrona" y sostenía con la izquierda un escudo con el blasón de la ciudad. Su pedestal se adornaba con dos cornucopias que vertían una "cadenas, cráneos y huesos áridos, y el otro bellas flores y frutas, aquel en la parte interior, y este a la exterior del carro para denotar con esta contrapuesta actitud, que Lucena se preservó de la epidemia, y enseguida se libertó de la esclavitud extranjera por la intercesión de su Patrona de Araceli..." En la trasera del carro don Fernando dispuso que se colocase la bestia del Apocalipsis, con siete cabezas, y en la frente de la mayor el nombre de Napoleón "y los de sus satélites en las demás; y todas erguidas en ademán de embestir con orgullo y rabia". Frente a esta figura, de un ara salía el definitivo rayo aniquilador contra el monstruo.

Finalmente, el carro disponía de un ondulado varal que simbolizaba a la serpiente tentadora del Paraíso. Con ello quería dar a entender Ramírez de Luque que el diablo estaba sometido al poder de María.

El carro nunca fue usado para la procesión de la Patrona; abandonado y olvidado se deshizo en mil piezas en las atarazanas de la parroquia de San Mateo.