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1674: El duque de Medinaceli, señor de Lucena, encomienda el Santuario al Ayuntamiento

El fallecimiento del hermano mayor de la cofradía aracelitana don Antonio Curado de Velasco señaló el comienzo del intervencionismo municipal en una devoción tan arraigada en Lucena y en una amplísima comarca.

El 12 de diciembre de 1672, el Ayuntamiento con su corregidor, don Antonio de Rojas, fueron recibidos corporativamente como cofrades por el vicario, don Antonio Rosado Montenegro. Acto seguido, celebraron junta y acordaron nombrar como hermano mayor a don Jerónimo Gil Guerrero, alguacil mayor y regidor más antiguo, en sustitución del fallecido. A continuación declararon vinculado el cargo de prioste a alguno de los caballeros capitulares de la Ciudad, determinando el período de mandato a un año "hasta el día del Señor San Juan". Pocos días más tarde, don Jerónimo Gil nombró como tesorero y mayordomo al licenciado Francisco López y Alonso Ruiz de Burgos, respectivamente.

La ayuda municipal a las importantes obras que entonces se realizaban en el Santuario y que, para su inicio, habían obligado a bajar la imagen de Nuestra Señora a Lucena, consta en una noticia conservada en el archivo aracelitano: "baxaron a Nuestra Señora a esta Iglesia mayor ínterin se concluía la obra de su santa casa, la qual por las quentas de aquel año, tomadas por la Ciudad en el de 74 a el Administrador don Francisco López, se sabe que costó veinte y seis mil y cien reales...", pero estas mismas inacabadas obras que, sin duda se realizaban en el cuerpo de la iglesia, impedían el regreso de la Virgen a su casa. Por tal motivo, el hermano mayor, en sesión del Concejo celebrada el día 30 de mayo del citado 1673, había hecho patente la necesidad de colaboración municipal para continuar y concluir esta obra que "se está haciendo en la Casa de Nuestra Señora sita en la Sierra de Aras del término de esta Ciudad, y por ser tan costosa la conducción de materiales y valor de ellos y los jornales de los oficiales que están trabajando y muy cortas las limosnas que se han juntado y la renta de la cofradía muy escasa, pues no llega a quatroçientos reales por cuyas razones se halla sin poder proseguir en dicha obra motivo que en mucho tiempo no se puede llevar a su casa a Nuestra Señora por no haber sitio decente donde ponerla si cesa la prosecución de dicha obra. Y la Ciudad, habiéndolo oído y entendido dijo que para que se continúe y no cese la obra de la Casa de nuestra Señora se libren por ahora trezientos ducados de los propios del Concejo de esta Ciudad. Y para ello se despache libranza en Francisco del Viso Arjona, vecino de esta Ciudad y Mayordomo de dichos propios, para que de los mismos que en su poder pararen de los procedido de ellos dé y entregue a Francisco López Crespo, vecino de esta Ciudad, Tesorero de dicha Cofradía...".

El año siguiente, el 18 de febrero de 1674, tuvo conocimiento el Concejo de una carta del duque en la que ordenaba "que la Ciudad cuide del culto y fábrica de nra. Señora de Araceli nombrando todos los años un capitular que asista en esta ocupación, avisando a su Excelencia el que se nombrare y de lo que hubiere adelantado la cofradía y culto al fin del año y con especialidad lo encarga su Excelencia de su letra por ser débito y patrona de esta Ciudad. Y visto por esta ciudad acordó que el presente escribano dé testimonio del nombramiento que se hizo en el Sr. Don Jerónimo Gil Guerrero, Alguacil mayor y Regidor más antiguo de esta Ciudad, de Hermano mayor de dicha Cofradía por haberse acordado corriese por su cuenta la administración de este Santuario con asistencia de don Antonio Rosado Montenegro vicario de estas iglesias representándole que la Ciudad fue y era patrona de la Santa Casa..."

Este escrito siempre fue entendido por el Ayuntamiento -nunca por los señores de Lucena y patronos de todas las iglesias de la misma- como una dejación del patronato sobre el Santuario a favor de la Ciudad; siendo este hecho la base futura de dilatados litigios y enfrentamientos. El posicionamiento municipal en este asunto y el consecuente ejercicio del patronato, con lo que ello implicaba de protección y ayuda hacia los cultos y la conservación del Santuario, se puso de manifiesto en un acuerdo municipal tomado el 4 de octubre del mismo año a propuesta del nuevo hermano mayor, el regidor don Juan Fernández Tejeiro, que solicitaba ayuda económica para proseguir las obras que se llevaban a cabo en el Santuario "por no alcanzar las limosnas de esta ciudad que como patrono tiene obligación de hacerlas..." La aportación municipal de sus propios a tal fin alcanzó la cifra de 1.100 reales.