La devoción a María en la imagen y bajo la advocación de Araceli ha constituido en Lucena, a lo largo de más de cuatro siglos de existencia, un fenómeno de importancia capital para la formación del ser propio, la personalidad y la esencia de lo lucentino.

Reclamada innumerables veces por el pueblo creyente como socorro providencial e infalible en las necesidades y aflicciones; recordada también y siempre aclamada en todos los momentos cruciales, no necesariamente de carácter religioso, de la historia de Lucena; generadora de anchos y hondos sentimientos populares; acaso también protagonista de muchas otras menudas "historias" personales, ancladas en las más hondas intimidades y que sólo es posible percibir profundizando en el sentir del pueblo; fuente de inspiración directa o indirecta del Arte y de todas las artes; símbolo, en fin, aceptado y reconocido como auténtico y diferenciador de Lucena, Nuestra Señora de Araceli forma parte inseparable de lo lucentino, no con una presencia inmóvil y ajena a las mujeres y hombres que han construido y habitado este pueblo, sino formando parte palpitante de sus vidas.


Siglo XVI
Siglo XVII
Siglo XVIII
Siglo XIX
Siglo XX